El tema del comunismo y del anticomunismo ocupó un papel estelar en las elecciones.
Gonzalo De Villa
El domingo pasado tuvieron lugar elecciones presidenciales en El Salvador dando como resultado el triunfo, en primera vuelta, de Tony Saca, un empresario radial de 39 años postulado por Arena. El gran derrotado en esta ocasión fue el FMLN con su anciano candidato, Schafik Handal, al frente. La diferencia de 57 a 36 puntos reflejó 2 elementos:
Arena repite por cuarta vez consecutiva y se consolida el bipartidismo en El Salvador, ya que los otros 2 candidatos –sólo 4 hubo– no alcanzaron juntos el 7 por ciento de los votos. Arena, en las últimas dos ocasiones, escogió candidatos relativamente externos al partido. El FMLN, por su parte, escogió a candidatos que venían de dentro del partido. Mi opinión es que tanto en 1999, cuando postuló al campesino Facundo Guardado, como el 2004, en que postularon al viejo militante comunista Schafik Handal, el FMLN se equivocó. Tenía mejores prospectos de candidatos, pero se encerró en el tradicionalismo militante y buscó además candidatos que era, a priori, previsible que fueran inviables como, de hecho, efectivamente ocurrió.
En El Salvador, las elecciones presidenciales no coinciden en fechas con las legislativas y municipales. En estas últimas, el FMLN ha logrado resultados mucho mejores. En esta ocasión, la campaña fue especialmente agresiva. El tema del comunismo y del anticomunismo, viejos fantasmas del pasado del que ambos partidos tendrían mucho de qué avergonzarse, ocupó un papel estelar en las elecciones.
La candidatura de Handal, un hombre proveniente del viejo partido comunista de El Salvador, con más de 50 años de militancia, puso en bandeja para Arena el tema de la amenaza comunista y resucitó algunos de los peores rasgos que encontramos en los orígenes del partido fundado por D’Abuisson. Handal mantiene posiciones públicas muy polémicas en temas de política exterior que lo remiten a una visión del mundo anterior a 1989. Empeñarse en ser candidato lo condujo a una derrota que era muy previsible.
En muchos sentidos, El Salvador en los últimos 15 años ha tenido avances muy significativos, lo cual no obsta para que tenga aún asignaturas pendientes. Más aún que en Guatemala la enorme emigración de salvadoreños y las remesas que remiten son las que han posibilitado un despegue económico en el que hay brechas importantes por cubrir. La tarea del gobierno de Saca tiene, por ello, retos cruciales. Ambos partidos, terminada la campaña, creo que tienen como un reto muy importante el exorcizar demonios primordiales que aún aletean en los dos. El pasado guerrillero del FMLN y el pasado escuadronero de Arena debieran ser ya superados por ambos. El Salvador y su futuro son los que más debieran importar a la clase política salvadoreña, más allá de crímenes y atrocidades del pasado, desgraciadamente reales, en que ambos tendrían mea culpas que externar.
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