El sector político del país se caracteriza por ser uno de los más subdesarrollados, poco calificados...
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El sector político del país se caracteriza por ser uno de los más subdesarrollados, poco calificados y menos respetados, tanto en términos institucionales como personales, salvo honrosas y raras excepciones.
En otros países de mayor cultura y desarrollo político, entre los cuales destaca Costa Rica, los partidos políticos son verdaderas instituciones con un alto grado de organización, con estrategias de largo plazo y no eminentemente electoreras, e invierten recursos sustanciales en la formación de recursos humanos, esencialmente en el área de capacitación política de sus cuadros.
En estos países con un nivel aceptable de desarrollo político, los partidos han logrado aglutinar en sus filas, y en sus diferentes instancias de discusión y diálogo, a representantes de todos los sectores, grupos sociales y de presión, de tal suerte que son las organizaciones políticas las que, cumpliendo con su función, tratan de conciliar los intereses y objetivos inter e intrasectoriales, para luego buscar satisfacer sus legítimas demandas.
Definitivamente, éste no es el caso de Guatemala, pues los partidos políticos locales, lejos de aglutinar a los diferentes sectores y grupos sociales y de presión, son sencillamente un sector “más” en la sociedad, con objetivos y metas específicas y muy concretas –salir del anonimato financiero y económico es uno, si no el más importante– y desconocen o no les interesa, excepto para las elecciones, los problemas, aspiraciones y demandas de los demás sectores de la sociedad. Es por esta razón, que en el caso guatemalteco, grupos importantes de presión, como el sector privado organizado y los sindicatos, han venido jugando el papel y la función de los partidos políticos, para buscar satisfacer sus genuinas demandas.
Esta situación seguirá prevaleciendo en el país, en la medida que los partidos políticos continúen siendo un sector “más” en la sociedad, y mantengan sus organizaciones subdesarrolladas y poco calificadas.
Los guatemaltecos debemos, si queremos influir en el futuro del país, forzar un cambio en los partidos políticos. Un cambio orientado a la modernización e institucionalización de tales organizaciones. Esto sólo podremos lograrlo a medida que los guatemaltecos más destacados de los diferentes sectores decidan tener una participación política plena y activa. Hasta ahora la excusa ha sido que “es una actividad sucia”. Sin embargo, es una excusa sin validez, pues al no participar somos cómplices de esta suciedad. Si verdaderamente queremos cambiar las cosas, la única manera es participando.
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