La medida es positiva a simplevista, pero tiene sus bemoles.
Jorge Palmieri
Éste es el tema más importante del momento, sin lugar a dudas. No hay nada que pueda tener mayor trascendencia para Guatemala que la decisión del Gobierno de disminuir en un 35 por ciento al Ejército Nacional en el término de 3 meses, lo que significa cancelar de golpe 15 mil 500 efectivos de la Institución Armada. Se dice fácil, pero no es tan sencillo. La medida es positiva a simple vista, pero tiene sus bemoles. La decisión del gobierno de Berger no es sorpresiva, porque está contemplada en los Acuerdos de Paz y obedece a lo que preconiza el Nuevo Orden Mundial y a los deseos tanto de Washington como de los países de la Comunidad Europea. Quienes amamos la paz quisiéramos que no existiese ni un solo ejército en el mundo y que jamás hubiesen guerras. Sin embargo, lamentablemente la naturaleza de los pueblos es proclive a la violencia y a las confrontaciones armadas para resolver las diferencias.
Se dice que otra de las razones por las que conviene disminuir las fuerzas armadas guatemaltecas es que son más numerosas que las de los otros países centroamericanos, por lo que Guatemala tendría ventaja si llegase a estallar un conflicto armado. Quienes piensan así no toman en cuenta a la Geopolítica, porque si acaso algún día se llegase a dar esa impensable situación, de inmediato intervendría el poderío hegemónico estadounidense para imponer la paz. Otra buena razón para recibir con alegría esta decisión sería que Guatemala dejaría de gastar ese dinero en mantener a tantos efectivos en los cuarteles en vez de que se pongan a trabajar y a producir para engrandecer al país, pero esto no sucedería porque no se ha contemplado que vaya a haber un recorte equivalente en el presupuesto de egresos. Y ya se dice que lo que se deje de gastar en pagar soldados se va a emplear para “modernizar” la institución.
Siempre hemos visto con mucha simpatía el ejemplo de Costa Rica, donde no existe un ejército regular aunque sí hay una Policía bien entrenada, pero hay que tomar en cuenta que no somos ticos y que los chapines somos violentos y algunos hasta proclives a los linchamientos y muchos no respetan a los policías, pero temen a los soldados.
No obstante la mala situación económica que vive nuestro país, Berger tendrá que ver de dónde saca Q400 millones para pagar el retiro de quienes van a ser cesados el día en que, paradójicamente, aquí se celebra “El Día del Soldado”. No me extrañaría que ya haya recibido promesas de ayuda económica del Gobierno de Washington y de los países de la Comunidad Europea, quizá con Suecia a la cabeza, a juzgar por el enorme regocijo que el anuncio de la decisión ha causado al poderoso embajador John Hamilton y a la excesivamente locuaz embajadora sueca María Leissner, a quien el respeto a la soberanía de Guatemala le tiene totalmente sin cuidado y por el dinero que aporta su país al nuestro se permite decir en público todo lo que le da su regalada gana de nuestros asuntos internos. (Continuará)
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