El inicio del programa de distribución de fertilizantes a campesinos de municipios con altos...
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El inicio del programa de distribución de fertilizantes a campesinos de municipios con altos índices de pobreza extrema, se convierte en un hecho alentador por varias razones. A lo largo de su historia republicana, Guatemala ha visto cómo entre una administración y otra se escamotea todo reconocimiento y se procura anular lo iniciado por su predecesor. El que el gobierno de Óscar Berger reedite un programa iniciado por la administración de Alfonso Portillo hace pensar en una actitud madura, que encuentra beneficios para un sector importante de la población en un proyecto desarrollado por sus antecesores y, por tanto, lo mantiene en práctica.
Resulta positivo, además, que el gobierno defina como recipiendarios de este beneficio a pequeños productores agrícolas cuyos cultivos se limitan a extensiones menores a diez hectáreas. El precio del fertilizante para los campesinos será del 50 por ciento de su valor de mercado, el cual es de Q120 por quintal.
Uno de los cuestionamientos recurrentes durante el desarrollo del programa en el anterior gobierno tiene que ver con la presunta inclinación de sus administradores a favorecer en exclusiva a los seguidores del entonces partido oficial. Esta acusación se acentuó durante el año electoral. De ahí que la decisión oficial de realizar la distribución por medio de las municipalidades, con participación de miembros de sociedad civil, lleve a alentar que habrá menos posibilidades de que los intereses partidistas interfieran con el programa. Sin embargo, la constante observación de la sociedad civil y de las propias comunidades será la mejor medicina en contra de este mal. El acompañamiento de este programa se vuelve crucial, no sólo porque resulta indispensable vigilar cuánta eficiencia en términos de productividad agrícola se observa entre los beneficiarios, sino porque el programa posee un potencial de gran envergadura. De acuerdo con el Ministerio de Agricultura, los fondos obtenidos por la venta a los campesinos podrán ser utilizados para otros proyectos de gran trascendencia en el campo, como aquél que busca beneficiar a mujeres productoras.
La ayuda de Japón, en un programa de tantos alcances, resulta invaluable.
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