Rolando Morales se refugió en un estacionamiento; Mario Taracena, en el restaurante Astoria. Esto fue lo que ocurrió cuando se frustró el pago a los ex PAC.
“¡Señora, señora, ¿dónde puedo esconderme?!!”, dijo Rolando Morales, presidente del Congreso, mientras huía despavorido de un grupo de miembros de las ex Patrullas de Autodefensa Civil (PAC), que protestaron el miércoles frente al Legislativo.
“Métase en ese cuartito, allí va a estar seguro”, contestó la mujer.
La atropellada conversación sostenida entre la administradora de un estacionamiento y el máximo directivo del Congreso da una idea del estado de ánimo que reinaba el miércoles luego de la protesta de los ex PAC.
Y no era para menos.
Minutos después de que, henchido del orgullo que da la misión cumplida, el general retirado y secretario general del Partido Patriota, Otto Pérez Molina, anunciara ante varios miles de patrulleros que ya estaba aprobada la ley de pago a las PAC, diputados de otras bancadas comenzaron a salir del hemiciclo y rompieron el quórum.
Pérez Molina se quedó sin poder cumplir la promesa.
Poco a poco, los diputados salieron del Congreso, y fue allí cuando comenzaron a correr peligro.
Mientras algunos se disfrazaron para no ser identificados, como Manuel Baldizón, diputado del Partido de Avanzada Nacional, quien se quitó el saco, se colgó una mochila y se puso una chumpa para hacerse pasar por un contador o algo por el estilo; otros no corrieron con tanta suerte.
“Esos son Mario Taracena (jefe de bancada del PAN) y Víctor Ramírez (subjefe del bloque de la Gran Alianza Nacional)”, recuerda un indignado Taracena que dijo “gente del Patriota” a los patrulleros que estaban apostados fuera del Congreso.
Como en Juegos Olímpicos
No transcurrió casi nada entre el anuncio de que salían los diputados y que éstos comenzaran a correr los 100 metros, ya no planos, sino en la pronunciada cuesta de la 10a. calle entre 8a. y 7a. avenidas de la zona 1, hasta el restaurante y charcutería Astoria.
Agitados y confusos, Taracena y Ramírez llegaron a la esquina donde se sitúa el citado restaurante. “Hágame favor de cerrar las puertas y cortinas, porque yo no voy a salir de acá, y si se entran esos señores, le van a destrozar el negocio”, dijo a los empleados de Astoria el primero. Lo siguiente fue preguntar, sin éxito, por una salida de puerta trasera. Incluso, se consideró el techo como posibilidad.
En tanto, Morales; el diputado de la Unión Democrática, Joel Martínez, y algunos de sus guardaespaldas permanecían agazapados en un pequeño cuarto del estacionamiento. Esperaban que, con el tiempo, los patrulleros se cansaran de buscarles y les dejaran en paz.
Sólo Matías Ajvix, diputado por el Partido de Avanzada Nacional, estuvo a punto de caer como valiente. Los patrulleros lo rodearon, pero fue rescatado por la veloz acción de un contingente de policías y guardias del Legislativo.
Cuando fue el momento de salir del escondite, Morales y sus agentes abandonaron el lugar en su vehículo. Martínez abordó un oportuno taxi, aunque algunos aseguran que tuvo que quitarse el saco para no pasar por diputado, y por una nefasta casualidad dejó olvidada dicha prenda en el vehículo de alquiler.
En tanto, Taracena miraba con malos ojos un filoso cuchillo que descansaba en una de las mesas de la cocina del restaurante Astoria. Aunque él niega siquiera haberlo pensado, más de uno le oyó decir que no vendría mal si los ex patrulleros intentaban entrar al recinto. “Con uno que me lleve por delante”, juran haberle oído decir.
Por fin llegó una patrulla al lugar y de ella bajaron varios agentes y Baldizón, quien había vuelto por sus colegas. “Me subí por primera vez a un carro de Policía y me fueron a dejar a mi oficina”, dijo Taracena, de quien oyeron decir que su principal satisfacción del día había sido ver, por primera vez también, al moreno de Ramírez “blanco, blanco”.
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