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Guatemala, lunes 06 de septiembre de 2004

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Opinión:

Democracia participativa

No existe voluntad política de confiar en la gente ni de darle la oportunidad de que asuma responsabilidades.

Mario Fuentes Destarac

Fuente menor Fuente normal Fuente grande
Además de un sólido Estado de Derecho y de una legítima representación política, la democracia institucional requiere de una participación real y efectiva de los ciudadanos en el control de las decisiones, tanto en las que les afectan directamente como en aquéllas que tienen que ver con el interés general y el bien común.

En mi opinión, la mayor debilidad de las democracias latinoamericanas es la insuficiente participación de los ciudadanos en los distintos grados y niveles del Estado. El poco interés por fortalecer la participación real de la población pareciera estar calcado en la vieja práctica autoritaria de gobernar sin el pueblo.

Si bien se predica sobre la importancia de la participación ciudadana, ésta no pasa de ser ficticia. Se dice tener en cuenta a los ciudadanos para la toma de decisiones, pero, al final de cuentas, la población siempre para siendo utilizada, generalmente en contra de sus propios intereses, y no efectivamente incorporada al proceso decisorio.

En realidad, no existe voluntad política de confiar en la gente, de darle la oportunidad de que asuma responsabilidades, de que decida lo que le conviene o no. No se quiere romper el tradicional círculo vicioso de la dependencia, que mantiene a la gente pidiendo que le resuelvan sus problemas y que no permite que sea ella la que los enfrente y solucione por sí misma.

Aunque la cultura de dependencia de la gente sigue siendo explotada al máximo, especialmente para fines electoreros, las cada vez mayores demandas insatisfechas de la población prácticamente están desbordando la capacidad de respuesta de los gobiernos democráticos. Esto ha hecho que los gobernantes recurran con mayor frecuencia a nuevos impuestos. Los presupuestos siguen aumentando desproporcionadamente y nunca se termina de gastar y gastar.

Por supuesto, la mentalidad dependiente de la gente junto a la imposibilidad material de satisfacer las necesidades crecientes, se han venido convirtiendo en factores dinámicos para el surgimiento de liderazgos populistas autoritarios, apuntalados por la demagogia, que prometen quitar a los ricos para dar a los pobres. Más temprano que tarde, el desastre para desnudando a los dictadores y, trágicamente, siempre se regresa al principio con un mayor rezago.

De suerte que una democracia institucional será viable en la medida en que se garantice a la gente una participación real y efectiva, lo que se traduce en mayor autonomía personal, mayor responsabilidad, menos intervencionismo, menos burocracia, menos centralismo, más localismo y más comunidad de ciudadanos. En otras palabras, lo que planteo es más ciudadanía y un rechazo al paternalismo.
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