Esta semana el gobierno consiguió frenar dos procesos que podrían, en el corto plazo, haberle significado graves problemas de...
elEditorial
Esta semana el gobierno consiguió frenar dos procesos que podrían, en el corto plazo, haberle significado graves problemas de gobernabilidad. Son, sin embargo, paliativos mas no soluciones lo que se puso en práctica. El Ejecutivo anunció que retrasará 30 días más los desalojos de las fincas ocupadas, y con eso consigue frenar enfrentamientos violentos como el que tanto desgaste le provocó el martes 31 de agosto en la finca Nueva Linda.
Por la tarde, pese a que días atrás el Presidente había dicho que podría vetar la Ley de pago a las ex Patrullas de Autodefensa Civil, (PAC) anunció que ésta será sancionada. Es más, ayer, en Totonicapán, el mandatario se comprometió a pagar a los ex patrulleros. Dijo el cómo, no el cuando.
El Presidente calcula, basado en su lógica muy particular, que en menos de un año podrá vender los bonos del tesoro para construir la carretera entre Guatemala y El Rancho. La venta de los bonos y la construcción de la obra les tomaría menos de un año, aseguró.
En su defecto, dijo, podría obtener permiso para concesionar, encontrar inversores y construir en menos de un año dicha carretera, con cuyo peaje contempla ir sacando el dinero para pagar a las ex PAC.
De esta forma, el Ejecutivo consigue 30 días para el tema de la tierra y quién sabe cuánto más para pacificar a los ex patrulleros. Habrá que ver también si las ex PAC, al menos los grupos que tienen innegables vínculos políticos con la oposición, aceptarán que se les pague de esa forma que, en términos realistas, muy probablemente coincidirá con las próximas elecciones.
Lo que es seguro es que, de llevar adelante la idea del Presidente, ésta será empujada por los ex patrulleros a golpe de esas paralizaciones y protestas que tan efectivas resultan para mover a los políticos.
La semana que hoy concluye, el gobierno logró comprar breves espacios de calma. Coyunturas favorables para irla pasando, pero que no permiten soñar en un cambio de fondo en ninguno de los temas.
Cada día más, el Presidente nos recuerda menos a ese Óscar Berger que hablaba en los estrados de la reforma política del Estado y de la construcción de megaproyectos, y nos va quedando más un Presidente que, sumido en una coyuntura del día a día, se antoja incapaz de alcanzar a ver más allá de tres semanas en el futuro.
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