La visita del magnate mexicano Carlos Slim con Felipe González.
Jorge Palmieri
Los guatemaltecos tenemos fama de ser educados y acogedores, por lo que en mi columna de ayer presenté mi respetuoso y cordial saludo de bienvenida a dos notables personajes internacionales que nos visitaron: el ingeniero Carlos Slim Helú, magnate mexicano de origen libanés, de quien se dice en México que está asociado en varios negocios millonarios con el controvertido ex presidente Carlos Salinas de Gortari y catalogado por la revista Forbes como “el hombre más rico de América Latina”, con un capital de 13.9 billones de dólares, lo cual le hace la décima séptima fortuna del mundo; y el licenciado Felipe González Márquez, hijo de un modesto matrimonio, nacido el 5 de marzo de 1942 en una humilde barriada de Sevilla denominada Heliópolis y cuyo nombre de batalla en la resistencia clandestina del partido Socialista Obrero Español durante el régimen dictatorial del generalísimo Franco era “Isidoro”, y algunos años después de la muerte del “Caudillo” llegó a ser una de las figuras políticas mundiales más destacadas porque del 12 de diciembre de 1982 al 5 de mayo de 1996 fue presidente del gobierno de España.
Ambos vinieron especialmente invitados por el presidente de la República, licenciado Óscar Berger, para hacer lo siguiente: 1) participar en una Junta de Gabinete del gobierno que preside; 2) compartir un banquete con altos funcionarios y algunos altos exponentes del círculo empresarial del país, “en el que González expondrá al gobernante guatemalteco el proceso de inclusión de España en la Unión Europea” (según explicó a la AFP la Secretaria de Comunicación Social de la Presidencia, María de Frade); 3) ser recibidos en sesión solemne del Congreso; y 4) recibir la Orden del Quetzal, máxima condecoración que otorga el gobierno, el primero en grado de Comendador y el segundo en grado de Gran Cruz.
Según el despacho de la AFP, Berger especificó que entre los proyectos figura la posibilidad de que Slim participe en la construcción del “canal seco” interoceánico para unir el Caribe con el Pacífico; en la construcción de una carretera para comunicar a los poblados indígenas del norte de la capital; y en la puesta en marcha de ferrocarriles y represas hidroeléctricas. Me recuerda la graciosa película española Bienvenido mister Marshall, porque parece que El Conejo ha confundido a Slim con Santa Claus.
¿Qué más quiere? Le invitan a participar en una junta de ministros en la cual no debería estar presente nadie que no sea ministro de Estado; le invitan a un banquete, le reciben en sesión solemne en el Congreso y como premio por haber venido a ver si le conviene hacer esos negocios, con los que prácticamente se adueñará de Guatemala, por anticipado le otorgan la Orden del Quetzal. ¡Qué de al pelo! Berger y sus asesores ya olvidaron la forma como se adueñó de Telgua por medio de Ricardo Bueso, quien al final de cuentas únicamente hizo el papel de intermediario.
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