Debe haber una explicación científica, pero por ahora no la tienen los médicos de Eva. Ella es una paciente con Insuficiencia Renal Crónica y está embarazada. Quienes la tratan aseguran que su caso es lo más parecido a un milagro.
Eva está embarazada de su cuarto hijo, contra todas las apuestas. En la más sencilla explicación de su más complicada dolencia, sus riñones ya no funcionan. Por eso resultaba poco probable, casi imposible, que aún fuera fértil a sus 32 años. Eva padece Insuficiencia Renal Crónica (IRC) y, según explica su médico, “cuando eso le sucede a una mujer, deja de producir ciertas hormonas hasta quedar estéril”.
Por esa razón, Eva es un caso entre 10 mil pacientes con IRC. Algunos llaman a su bebé, Milagro.
Sus médicos todavía intentan explicarse cómo sucedió; de hecho se convencieron del advenimiento del nuevo ser hasta el tercer mes y después de varias pruebas.
Por vencida no se dará, asegura Eva mientras acaricia su vientre de seis meses y medio de gestación. Se aferra a la vida conectada a la máquina que dializa su sangre cada dos días durante cuatro horas.
Vuelve a llevarse sus manos morenas a su apenas pronunciado abdomen mientras cuenta que el 5 de octubre nacerá. Tendrá entonces siete meses de preñez. Será un bebé prematuro por su propio bien y el de su madre, insisten los médicos.
“Hay más probabilidades de salvarlo afuera que si esperamos los nueve meses”, advierte Julia Robles, médico internista de la Casa de Cuidado Renal San Pío Pietrelcina, de la Fundación de Asistencia Médica y Ocupación para la Recuperación del Enfermo Renal (AMOR).
“Si mi enfermedad no me mató, este embarazo lo hará, pensé al principio. Después me dije que, si Dios lo había permitido, sería tal vez por que saldré bien de aquí”, comparte Eva recostada junto a la máquina dializadora.
La internaron el jueves pasado. Dos semanas antes de la fecha en la que está programada su cesárea, en la maternidad del Hospital Roosevelt. “No es como otras embarazadas a quienes uno les advierte: “Cualquier cosa, llámeme”. Con Eva es “antes de cualquier cosa, mejor la observamos”, advierte Ckrihish Méndez, residente del segundo año en la especialidad de nefrología en Casa San Pío.
Un paso a la vez, dice Eva, “primero, que nazca el bebé y ya después pensaré en el transplante”.
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