Canoso, risueño y lozano. Hace algunos meses, Jorge Serrano Elías fue invitado a una boda en el Club de Golf de Coronado, en Panamá. ¿Quién es su acompañante? No se sabe. Pero, a juzgar por la imagen el ex presidente, estaba feliz y despreocupado. Su sentido de pertenencia es tal que ni siquiera le dio importancia al atuendo. Él es uno más en la vida social panameña. Dólares y contactos han hecho que allá olviden que es prófugo de la justicia guatemalteca.
Cuentan desde la sociedad civil que los partidos políticos están anonadados por la capacidad de cabildeo y el sigilo con que se movió las últimas semanas Julio Girón, ex secretario privado de la Presidencia durante el gobierno de su gran amigo, Alfonso Portillo. Dicen quienes le vieron hacerlo, que logró, a través de intensos contactos con el rector Luis Leal, colocar a seis de sus favoritos en la nómina que la Comisión Postuladora de Magistrados presentará al Congreso. Pero no actuó solo, junto con él cabildearon Arístides Crespo y, nada más y nada menos, Roberto López Villatoro, el archiconocido Rey del Tenis. Les ayudó en su tarea de convencimiento, cuentan quienes le vieron, una decana de Derecho de una universidad privada. No cabe duda que estos señores saben cuidar su milpa. Después de todo es a ellos a quienes más podría interesar que sus amigos estén en la Corte Suprema de Justicia.
VOLVERÁN LAS OSCURAS GOLONDRINAS
El embajador de Guatemala en Chile es nada menos que Antonio Castellanos, a quien se le reputa como uno de los diplomáticos más cercanos de Alfonso Portillo y a quien debe gratitud por haberle reincorporado al servicio exterior, pese a que el ahora vicepresidente Eduardo Stein le destituyó cuando era canciller. Es más, cuando Portillo era presidente, Castellanos fue embajador en Japón y Belice. Ahora, como premio va a Chile.
Y si usted es de los que creen que habría que barrer con todo lo que huele a eferregismo, ha de saber que Gabriel Aguilera está a cargo de los programas de capacitación del personal de la Cancillería a través de un proyecto de la Organización de Estados Americanos.
LA JUSTICIA SIN ESCUDO
¿En poder de quién está el gigantesco escudo de mármol que una vez adornó las escaleras de la Corte Suprema de Justicia? ¿Estará siendo remozado o habrá alguien con suficiente mal gusto para llevárselo a su bufete o, peor aún, a su casa?
CUÁDRESE, ALLÍ VIENE EL JEFE
No cabe duda que el director de la PNC, Erwin Sperisen, encaja en la lógica tradicional de esa institución. El fin de semana pasado se fue de gira por occidente para inspeccionar retenes y otras actividades policiales.
En cada puesto de inspección en la ruta Interamericana, Sperisen descendía del vehículo que él mismo conducía y, vestido de civil como iba, comenzaba a hacer preguntas a los agentes encargados del operativo.
Como sus cuestionamientos encontraban miradas de extrañeza entre los agentes, los oficiales que iban acompañándole tenían que ordenar a los agentes: “¡Cuadrarse ante el Jefe de la Policía!”. Al parecer, la falta de uniforme y el hecho de que Sperisen venía manejando, hizo pensar a los incautos agentes que se trataba del chofer de alguien que venía dentro del vehículo.
JUEZ, PARTE Y ESPOSO
A Joaquín Flores España, contralor general de la Nación, le ha caído un dilema muy grande encima. Su esposa resultó nombrada coordinadora de la división de Vocación Estudiantil de la Universidad de San Carlos. Ahora, se preguntan docentes y directivos de la tricentenaria, qué tanto pesará el nombramiento cuando haya que hacer una auditoría a la Carolingia y más aún, a la Unidad donde trabaja la “Señora de Flores”.
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