laColumna: Buscando a Syd
El sábado acudí a Futeca, con el fin de apoyar a mi equipo preferido de todos los tiempos, a mis amigas, a las prostitutas de La Línea.
En efecto, ellas han formado un equipo de fútbol –“Las Estrellas de La Línea”, se hacen llamar– y se han inscrito en Futeca, en donde realizaron el sábado su primer encuentro deportivo formal. Era cuestión de hacer bulla y publicitarlo: se invitó a la prensa y se armó una porra alegre y sentimental, vivaracha y vocinglera, para mantener en alto el ánimo de las meretrices. Perdieron. También ganaron. Perdieron el partido, pero a la vez ganaron porque lograron salir por un momento de esa marginalidad crónica y exhaustiva, incorporarse sin complejos, reservas o reparos a la sociedad circundante, en este caso, la sociedad específica de Futeca, y de paso hacer saber sus demandas y reivindicaciones, aún si después fueron objeto de comentarios y censura. Estoy satisfecho de haber estado allí, como de hecho estoy satisfecho de haber participado en La Casa de Enfrente( salvo mi actuación, para qué voy a defender lo indefendible), como de hecho estoy feliz de haber hablado con aquella mujer, aquella puta, en aquel lugar, aquel putero: cómo la sentí llorar sobre mi hombro, mientras me confesaba de los hijos que tuvo y de los que nunca llegó a tener. Fue un gran honor. Sí, sí, ojalá que las “Estrellas” mantengan unido al equipo. Al equipo de fútbol, está bien, pero sobre todo al otro, el equipo que trabaja y suda y resuda todos los días entre la 7a. y la 10a. calle de la zona 1, junto a la vía del ferrocarril. Es allí en donde en verdad debe jugar el match de su vida, porque hay unos animales, unos psicópatas inhumanos allá afuera, esta sociedad está manufacturando a gente muy enferma, y son las mujeres las más buscadas. Agregar comentario: |
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