Los que trabajan no se atienen a los falsos profetas.
Silvia Tejeda
Los guatemaltecos necesitamos líderes y no más agitadores. Los agitadores políticos se han improvisado en los cuatro puntos cardinales y andan prometiendo lo que no son capaces de darle a los campesinos y a los desposeídos. Andan prometiendo tierra, casas y, ante aquella gente, tan, pero tan crédula, ellos serán sus salvadores. No son promotores de Fontierra, no son promotores de la ayuda internacional, sino que su trabajo es sólo darles promesas y un discurso que los enfrenta con quienes los rodean y poseen un patrimonio. La gente anda muy alborotada en el área rural, porque la están confundiendo y aplican abusivamente la política de: “Si no lo tengo, te lo quito”.
Guatemala necesita de auténticos líderes políticos que sepan por qué y a dónde necesita ser orientado nuestro país. Empezando por el señor Presidente, tan dubitativo con el tema de las PAC. Que se defina de una vez. Que diga si les va a pagar, burlándose de la mayoría de ciudadanos, o si no les va a pagar, dándole una explicación al pueblo. Ya no más gestos de indecisión, por favor. Quienes votamos por él, confiamos en que no emularía a su antecesor con discursos populistas, sabiendo de antemano que mantener una política por esa línea sólo servirá para hundirnos más. El señor Presidente es quien debe tomarnos más en serio, como un conglomerado, y no establecer políticas que sólo favorecen a algunos.
Y qué decir de los señores diputados electos por sus coterráneos para que los representen en el Congreso de la República. Nunca antes el país ha necesitado de los auténticos liderazgos de los partidos políticos que rescaten su papel de intermediarios entre sus electores y el gobierno. Si el gobierno pasado tergiversó su función, convirtiéndolos en intermediarios de intereses sectarios, éste es el momento de rescatar ese liderazgo y no permitir que se confunda al pueblo con promesas de dádivas que nunca los beneficiarán y sólo harán que acreciente su rencor contra quienes ni los trajeron al mundo ni han dictado políticas de gobierno –léase corrupción–.
Las autoridades religiosas, tanto católicas como protestantes, tienen la obligación moral de hablar con sus discípulos o sus representantes en el área rural, donde se actúa con tanta libertad de discurso, para enterarlos de que no todos los que les dan trabajo son explotadores; que no todos los que tienen bienes son políticos ladrones; que no todos los que luchan y se esfuerzan por sacar adelante trabajos en el campo son sus enemigos. Ya basta de mentir para controlar.
El caso de la finca Nueva Linda sólo servirá de ejemplo para que los guatemaltecos sepamos si en este país, el gobierno de turno tiene la voluntad política para que se respete la Ley y el Estado de Derecho, o si está siendo convencido por aquellos a quienes les interesa mantener liderazgos a base de promesas que no se cumplen. No todos los campesinos son santos ni todos los campesinos son abusivos; la mayoría, los que trabajan y se ganan el sustento, se atienen a su trabajo y no a los falsos profetas. ¿Quiénes son los auténticos interesados en promover tanto enfrentamiento? Tal vez Fidel o Chávez lo entienden.
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