Vienen tiempos de cambio que pueden significar una grave crisis.
Edgar Gutiérrez
Demasiados desastres naturales en tan poco tiempo. En las últimas semanas los huracanes Charley, Frances, Iván y Jeanne han golpeado con rudeza en el Caribe. En calendarios recientes, anomalías oceánicas como El Niño y La Niña afectaron el régimen de lluvias y las cosechas. Son “catástrofes naturales”, pero hay cada vez más evidencia científica de que la actividad humana es un factor de causa. Quizá por eso, en la medida en que aumenta la emisión de gases emitidos en fábricas y densos centros urbanos, se multiplica su recurrencia. En la década de 1950 hubo 13 desastres naturales, y en la de 1990, 47. Sólo entre 1995 y 1998 se registraron 33 huracanes.
La temperatura del planeta ha aumentado, y lo seguirá haciendo. Geoff Jenkins, especialista en sistema climático de la Universidad de Exeter (Gran Bretaña), sostiene que de los 0.7 grados que subió la temperatura entre 1861 y 2003, unos 0.3 grados son responsabilidad del comportamiento humano y 0.4 grados se deben a causas naturales, como radiación solar, volcanes y procesos oceánicos. En los próximos 40 años la temperatura media mundial se incrementará 2 grados y hasta 5 para el año 2100, si continuamos al ritmo actual de uso de combustibles fósiles.
La clave está en el modelo energético. El dióxido de carbono, principal gas de efecto invernadero, se produce principalmente por el uso de combustibles fósiles (petróleo y gas natural). El Informe Yoda, encargado por el Pentágono, concluye que “a causa de las potenciales consecuencias perjudiciales, el riesgo de cambio climático brusco, aunque incierto y muy posiblemente reducido, debería pasar de ser un debate científico a una preocupación de la seguridad nacional de Estados Unidos”. En la revista Science, David King, asesor científico del gobierno británico va más allá: “En mi opinión –dice– el cambio climático es el problema más grave con el que nos enfrentamos hoy, más serio incluso que la amenaza terrorista”.
Éste es un tema de intensa discusión en la política internacional, que enfrenta a países. El Protocolo de Kioto, de 1997, que desarrolla los compromisos asumidos por 159 países en la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (1992), compromete a controlar las emisiones de gases de efecto invernadero. Pero Estados Unidos, responsable del 25 por ciento mundial de gases tóxicos, no lo firmó. Y ahora es un tema de debate entre el presidente Bush y el candidato Kerry, partidario de sumarse al protocolo.
Todo indica que vienen tiempos de cambio que puede significar una grave crisis de adaptación de la humanidad. Algunos expertos creen que aún podemos manejar el impacto del progresivo aumento de la temperatura mediante el empleo de energía renovable, que, aunque tendrá costos de corto plazo de reconversión industrial y será más cara en general, es la única manera de cambiar el curso de los últimos 50 años. La revista Nature concluía un reciente artículo de manera dramática: para 2050 –asegura– se podrían extinguir hasta el 37 por ciento de las especies estudiadas a causa de modificación de hábitat por el cambio climático. El arco se situaría entre el 15 por ciento y el 20 por ciento si se cumpliera el Protocolo de Kioto.
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