Expresión de torpeza, necedad y crasa ignorancia de quien la dice.
José Alejandro Arévalo Alburez
¡No seas indio!, sinónimo de no seas necio, ignorante o torpe; es una expresión que escuchamos repetidamente, especialmente entre los ladinos, no mayas, durante muchas generaciones sin percatarnos que esa peyorativa expresión sólo puede catalogarse como el mayor monumento de torpeza, necedad y crasa ignorancia de quien la dice, al desconocer la extraordinaria riqueza humana y cultural que posee nuestra querida Guatemala.
Por la multiculturalidad de nuestro país, que alberga diversas culturas, grupos étnicos e idiomas, Guatemala es única, con una riqueza inexplorada y con un potencial inimaginable. Lo bueno es nuestra diversidad, lo malo es que no nos hemos percatado que nuestra fuerza está en nuestra diversidad, y lo feo es que todavía persistan ideas de quienes desprecian esta riqueza cultural que es una de nuestras mayores ventajas.
Aún habiendo convivido mi niñez con un pueblo maya kaqchikel, en San Martín Jilotepeque, nunca aprendí su idioma ni entendí su cultura ni comprendí las milenarias tradiciones que le acompañan, vivo ejemplo de estoicismo, laboriosidad, perseverancia, razonamiento y sentido místico. Siempre tuve el deseo interno de aprender el idioma, quizás derivado de mi frustración por no entender a los “marchantes” cuando hablaban entre si y yo trataba de comprar “melcochas”, cera para “tipaches” u otras chucherías en el mercado que se formaba en la plaza del pueblo. Cuando finalmente adquirí los libros de autoaprendizaje del kaqchikel, tuve la grata visita de un apreciado amigo, Michel Camdessus, quien al encontrar sobre mi escritorio dicho material no pudo resistirse en pedírmelo y quien, seguramente, lo ha aprovechado más que quien escribe estas líneas.
Ha sido hasta ahora, como parte del Programa de Interculturalidad de la Universidad Rafael Landívar, dentro del contexto de la formación de coordinadores académicos y docentes de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, que he tenido la oportunidad de entender y apreciar mejor la inmensa riqueza cultural de Guatemala, confirmando mi creencia empírica que “en nuestra diversidad está nuestra fuerza”. En este mismo sentido, recomiendo que aprovechemos el excelente trabajo de diálogo social e interculturalidad que promueve el Centro de Investigaciones Regionales de Mesoamérica (CIRMA) mediante la campaña “¿Por qué estamos como estamos?”, cuya forma más evidente lo constituye una magnífica exhibición itinerante que, a través de elementos interactivos visuales, sonoros y audiovisuales, estimula el conocimiento, la reflexión y la imaginación sobre un nuevo concepto de ciudadanía que reconozca y celebre la diversidad de la sociedad guatemalteca.
Estoy persuadido de que las nuevas generaciones serán capaces de promover mutuo respeto, tolerancia y valoración recíproca para reconstruir el entramado social, convencido de que una auténtica convivencia intercultural puede convertirse en el más fuerte cimiento de nuestra nacionalidad, porque, precisamente, “en nuestra diversidad está nuestra fuerza”.
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