laColumna: El Bobo de la Caja
De dos meses para acá ha habido mucho jaleo en los bajos fondos de la ciudad, específicamente en esa zona roja lumpenizada que se conoce como “La Línea”. Un grupo de prostitutas que trabajan allí se organizó, formó un equipo de fut, entrenó durante tres semanas y se inscribió para jugar un torneo en Futeca zona 14.
De eso, y de lo que ocurrió después, se han encargado ya algunos medios durante los días que siguieron al encuentro. Por desdicha, la estridencia de los hechos no ha permitido aún que se capte lo importante, más allá del travieso golpe de haber hecho coincidir dos mundos diametralmente opuestos, pero a la vez vecinos: el de los fresas y el de los desheredados. Reacciones a lo sucedido hubo por montones, pero muy pocas con los pies sobre la tierra. Están, por ejemplo, los empresaurios paranoicos que se tomaron el asunto como un ataque personal; están también algunos encopetados ricachones que denotaron su prejuicio viendo Sida donde no lo hay. O si no, los celosos guardianes de la doble moral, que pretenden que se siga escondiendo, por los siglos de los siglos, la basura de la casa debajo de la alfombra. O aquellos que son los más: esa casta de indolentes a los que todo les viene guango. Y claro: están, por último, los sensibleros de visión paternalista que victimizan y apendejan gratuitamente a estas “pobres” mujeres, cuando lo cierto –hay que conocerlas, hay que escucharlas– es que ostentan un talante curtido de tanta adversidad. Son putas, sí, y qué. Exigen el reconocimiento de sus derechos como cualquier otro ciudadano, independientemente de su profesión. Y seguirán jugando partidos contra quien se les plante con respeto y sin prejuicios. ¿Por qué? Porque quieren. Porque pueden. Agregar comentario: |
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