“Nunca dejará de haber necesitados en la tierra, y por eso yo te mando que seas generoso ”.
César A. García E.
Un fiel lector de elPeriódico se toma la molestia –lo cual es de agradecer– de comentar en el website del matutino, sobre varias de las columnas que en éste se publican. Dicha persona, cuyo nombre omito por no ser mi intención construir una polémica, señalaba de negativismo extremo dos artículos que se publicaron la semana pasada. El primero al que hacía referencia es al de Méndez V. y posteriormente aludía al que escribí hace ocho días. Las conclusiones del respetable lector señalaban textualmente que “…si alguna de las múltiples encuestas investigara a nuestros opiniólogos, nos interpretaría muy mal. Yo los invito a que dejen por un lado esos pensamientos que nos denigran y sean más positivos en sus interpretaciones…”
Las apreciaciones del referido lector no me sorprendieron en lo más mínimo, pues, dramáticamente, es una de las formas de reacción que se observa en la mayoría de los guatemaltecos; creemos que si no señalamos nuestras crudas deficiencias, debilidades, defectos y problemas…éstos simplemente desaparecerán por acto de magia o, eventualmente, pensamos que si rehusamos verlos…no existirán más. Pero obviamente la realidad es otra. Nadie ha podido superar un problema soslayándolo, esa actitud de no querer ver, ni señalar, ni cuestionar, sino, por el contrario, introducirnos en un escenario tan “seguro” como inexistente, hace recordar de inmediato la acción de un avestruz introduciendo su cabeza en tierra y olvidándose de su entorno, sin percatarse quizá de que su depredador está al acecho y aprovechará su confiado comportamiento.
El ser humano tiende a ser egoísta –como antes lo he señalado, frecuentemente cometemos el error de pensar que si nosotros estamos bien…todo está bien, pero ésa es una injusticia crasa; nuestro país se hunde, se desangra, millones de guatemaltecos se alimentan de forma precaria, otros tantos están sumidos en el mar de la ignorancia, y la dramática mayoría sale a las calles cada día, arriesgando su vida en un entorno que no le garantiza nada. Nuestros niños construyen desesperanza, y pareciera que a la agonizante capa media se le terminan las opciones. Si a esto agregamos que quienes podemos ayudar –entre los cuales se encuentra el exclusivo y privilegiado grupo de lectores de elPeriódico – evitamos hacerlo insistiendo en negar una realidad a todas luces desesperada, entonces, ¿quién sacará a nuestra nación adelante?
Si de algo carecemos los guatemaltecos es de solidaridad, defecto grave que, de seguirlo mimando, lo único que nos garantiza es miseria creciente; por el contrario, algunas culturas orientales han prácticamente erradicado la pobreza, como resultado de practicar el apoyo mutuo, es decir, dejando de ver únicamente el derecho de su nariz. Si los guatemaltecos entendiéramos que dando es como se recibe, en menos de lo que pensamos daríamos pasos muy positivos. Deuteronomio15:11: “Nunca dejará de haber necesitados en la tierra, y por eso yo te mando que seas generoso con aquellos compatriotas tuyos que sufran pobreza y miseria en tu país”.
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