El boxeo es un deporte que siempre me ha gustado, pero sólo como espectador. Mi deporte favorito siempre ha sido el balompié, como practicante y como espectador. Todavía recuerdo que, por algún tiempo, una de mis metas fue llegar a ser futbolista internacional. Nuestro equipo, en el que jugábamos cinco de mi promoción, fue campeón varias veces y, además, algunos de nosotros jugábamos en equipos que dirigía don Meme Carrera. Ello me hizo acariciar ese sueño. Pero en el único partido internacional que participé, contra El Salvador, mi desempeño fue tan malo que don Meme me sacó 10 o 15 minutos después de iniciado el juego. Para mayor vergüenza mía, en la tribuna del Estadio Escolar estaba el doctor Arévalo, quien había ingresado en medio de una gran ovación. El equipo de la Normal era tan bueno, que al menos una vez jugamos contra la Selección Nacional del Gato Samayoa, Fero Castellanos, Tacua Ortiz, Mito Marroquín, Tin Patacuta, Media Cuta, Pepino Toledo y tantos otros ya desaparecidos. Ahora sólo brillan El Pescado y Plata.
Pero es de boxeo que estábamos hablando. Todavía recuerdo la pelea entre Joe Louis y Jimmy Bradock, allá por 1936, pelea en la que Louis obtuvo el campeonato mundial de los pesados. Él fue mi héroe hasta que Rocky Marciano lo destronó diez años más tarde. Después fui gran admirador de Sugar Ray Robinson. Había otros peleadores que eran marcianos en miniatura, es decir, que pegaban duro pero que no mostraban mayor inteligencia en el cuadrilátero. La época de Floyd Patterson y otros de esos tiempos me encontraron muy ocupado con mis estudios, de manera que no les presté atención, Muhamed Alí nunca me cayó bien.
Pero es de la última pelea de Óscar De la Hoya que deseo decirles algo. Desde el principio me pareció que sería una lucha desigual. Hopkins es más alto, tiene mayor alcance, más fuerza y su peso de 156 libras para él era normal. De La Hoya, en cambio, tuvo que esforzarse para llegar a su peso y creo que ello lo debilitó. Los apostadores sabían todo esto. En el argot estadounidense del boxeo, se dice que alguien “hizo un clavado” cuando deliberadamente se deja ganar, algo parecido a “tirarse” en el área. Esá fue mi impresión inicial, pues no vi ningún golpe espectacular antes de la caída. Sí vi un gancho que no me pareció capaz de terminar el combate (“al hígado”, dijeron después). Yo “no” creo que De La Hoya haya “hecho un clavado”, pero sí que se dio cuenta de que si seguía el combate (todavía faltaba minuto y medio del noveno asalto) Hopkins lo destrozaría; y optó por ya no levantarse, De La Hoya estaba adolorido, pero no “fuera de combate”. Y sí sabía que no resistiría un round más. Por ocho buenos asaltos, sin recibir muchos golpes contundentes, US$30 millones eran suficientes...
0 comentarios: