El domingo 26 es un día memorable para nuestra familia, pero no precisamente agradable. Lo vivido me pareció insólito y caótico. Me refiero...
Mirtala Solórzano de Zepeda
El domingo 26 es un día memorable para nuestra familia, pero no precisamente agradable. Lo vivido me pareció insólito y caótico. Me refiero al desfile que bloqueó el ingreso y salida del aeropuerto La Aurora.
Nos bajamos en el bulevar Liberación para tratar de llegar a pie a tomar el vuelo, y experimentamos lo que es una multitud desordenada y peligrosamente expuesta a la tragedia. La situación estaba fuera de control de los organizadores. Llegamos al edificio “tres horas después” y salimos del lugar “cinco horas después”.
Como parte de la impunidad que nos acompaña, los afectados no tenemos a quién demandar, a quién responsabilizar de las pérdidas de vuelos de ese día y sus consecuencias para nuestros familiares, empresarios y pasajeros que ese día programaron sus viajes. Hubo pérdidas de recursos que nadie reconocerá.
De lo ocurrido y de lo que pudiera haber ocurrido son responsables no sólo las autoridades de Gobernación Departamental, las autoridades municipales, la Policía Nacional y aquellas firmas comerciales que apoyaron este evento.
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