Anda circulando, reciclado, un chiste con respecto al actual Presidente: “¿En qué se parece Óscar Berger a un calcetín? ¡En que cada vez que abre la boca, mete la pata!
Este tipo de bromas no tendrían tanta trascendencia, si a quien se refieren no fuese la persona que caracteriza la unidad nacional y la representación del Estado de Guatemala.
Lo malo es que la broma tiene fundamento. Los ejemplos que a continuación menciono constituyen una pequeña muestra de los frecuentes desbordes en que incurre el presidente Berger cada vez que ofrece declaraciones públicas.
El 9 de noviembre de 2003, cuando llegó a emitir su voto al colegio Santa Teresita, en la zona 11 de Guatemala, el entonces candidato, muy envalentonado y, al parecer, ignorante del número de diputados que tendría su bancada en el Congreso de la República, prometió procesar al líder del Frente Republicano Guatemalteco: “El general Ríos Montt tiene que preocuparse por dónde va a estar en enero, porque parece que va a estar muy bien cuidado”. Seis meses más tarde, el Presidente negociaba con Ríos Montt el apoyo del FRG para la reforma tributaria.
El 17 de febrero, ya como Presidente, les dijo en la Plaza Mayor a un grupo de ex patrulleros civiles que exigían ser indemnizados: “Si hace falta vender este parque para pagarles, lo vamos a vender”.
El 26 de julio, en el parque arqueológico Yaxhá, cuando los reporteros le preguntaron sobre los planes para construir un aeropuerto que sustituya al de La Aurora, mencionó una alternativa que no había sido considerada por los expertos a cargo de los estudios de prefactibilidad: “el de Santa Elena, Petén, sería también una opción interesante”.
El 31 de agosto, en la Casa Presidencial, luego de conocer la versión sobre la masacre en la que derivó el desalojo de la finca Nueva Linda, ofreció declaraciones a la prensa, durante las cuales aseguró que los campesinos ocupantes “son parte de una célula del crimen organizado”.
Finalmente, el 20 de septiembre en Nueva York, durante una reunión con la jefa de inversiones para América Latina del banco JP Morgan dijo: “Los obispos, con todo respeto, los admiro mucho y soy católico, creo que están un poco desactualizados. Están agarrando una bandera un poco populista. Dicen no a las hidroeléctricas, pero no dicen por qué. No a la minería, y están negando muchas oportunidades a Guatemala”. Y momentos más tarde, como guinda, dijo: “afortunadamente, (los obispos) no habían sacado un cartel que dijera No al CAFTA.
Aquí el espacio solamente me permite consignar unos pocos ejemplos. Pero quienes leen cotidianamente los diarios y escuchan la radio y los noticiarios saben que la retórica presidencial es uno de los más peligrosos enemigos de este régimen.
Con un círculo de asesores tan inteligentes como el que integran Richard Aitkenhead, Eduardo González, Eduardo Stein y Miguel Fernández, ¿sería mucho pedirles que le aconsejen al Presidente pensar dos veces lo que va a decir? O mejor aún, que ya no hable en público. De verdad, creo que el país ganaría mucho.
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