Miembros de las FAR son quienes hacen “análisis” al Presidente.
Sylvia Gereda Valenzuela
Ha pasado desapercibida pero su desempeño es una vergüenza nacional. En 9 meses no ha hecho nada y su presupuesto de Q5 millones ha traído más daños que ganancias, porque está más perdida que el hijo de la Llorona.
Me refiero a la Secretaría de Análisis Estratégico de la Presidencia (SAE), creada hace ocho años con el fin anticipar información y dar asesoría al Presidente de la República para evitar situaciones de riesgos y amenazas para el Estado.
No hace falta tener tres dedos de frente para darse cuenta de que, desde que inició el gobierno de Berger, esta Secretaría ha sido incapaz de analizar.
Antes de que estallaran los conflictos en la finca Nueva Linda y la toma de Chixoy, la SAE debió realizar mapas de riesgos y análisis que alertaran de la peligrosidad de los eventos. Pero no tenía rumbo. Los hechos los agarraron en fly.
De esta falta de información surgen las desafortunadas declaraciones del Presidente asegurando que la toma de Chixoy era casi un acto terrorista lidereado por extranjeros y que los campesinos invasores de la finca Nueva Linda eran una “célula del crimen organizado”, cuando se sabe que son campesinos que organizan su debut hace más de 6 meses.
elPeriódico ha mostrado sofisticado equipo electrónico en manos de campesinos paupérrimos; ha publicado fotos que demuestran injerencia de la ex guerrilla, ha mostrado armas de grueso calibre en manos de invasores. Pero a la SAE todo se le ha pasado por alto aduciendo que no tiene presupuesto.
Quienes trabajan en la SAE aseguran que se limitan a transcribir notas publicadas en la prensa y a seguir los noticiarios de radio y televisión, las cuales entregan en reportes cada siete días al Presidente.
¿Qué es lo que pasa dentro de la SAE? Elemental. Aquéllos que en años anteriores fueron capacitados por expertos españoles, han sido despedidos, y ahora tenemos nuevos funcionarios incapaces de entender la problemática nacional.
Edmundo Urrutia, secretario general de la SAE, llegó al puesto por su afinidad con el vicepresidente Eduardo Stein más que por sus bondades de consultor desempeñadas en la Asociación de Investigación de Estudios Económicos y Sociales (Asies).
Mientras que la mayoría de “analistas de la SAE” son inexpertos reclutados por su afinidad política, ex guerrilleros que pertenecieron a las Fuerzas Armadas Rebeldes (FAR) o que participaron en movimientos sindicales, en cargos operativos, pero nunca de análisis. Falta espacio para dar la nómina, pero algunos de la lista son: Otto Zeissig, subsecretario de la SAE, ex militante de las FAR y ex dirigente del sindicato del Organismo Judicial; Jaime Izaguirre, otro sindicalista del Inde que ahora hace análisis; José David Tasejo de las FAR, y Pablo Soto Orantes, hijo del comandante de URNG; Pablo Monsanto, quien laboró pocas semanas en la institución, pero fue pieza clave.
El informe Guatemala: Memoria del silencio revela que las FAR fue uno de los grupos guerrilleros más sanguinarios, autores de secuestros, asesinatos como el del embajador de EE.UU. John Gordon Meir y eficaces cobradores del impuesto de guerra.
Aunque la Guerra Fría acabó y debemos ver para adelante; no es idóneo el reclutamiento de estos personajes para realizar el “análisis presidencial”. Y no es que tenga prejuicios en contra de ellos, simplemente en tiempos de paz se deben dejar de lado las banderas políticas y colocar a individuos capaces en puestos de alto impacto.
Crear una SAE con elementos de la ex guerrilla, sería como nutrir a un monstruo de inteligencia con militares, sin haber investigado sus actuaciones en el campo de derechos humanos.
Quisiera ver que los puestos de la SAE hubieran sido copados por las Fuerzas Armadas, hace mucho que se hubiera armado la de San Quintín.
Lo peor del caso, según funcionarios del Guacamolón, es que el presidente Berger no escucha ni atiende a la SAE. Sus miembros no gozan de su confianza.
Y es que la SAE está dando una visión superficial de la problemática del país, casi igual a la que hace 30 años nos fragmentó en dos pedazos.
Ante esta crisis, valdría la pena replantearse si vale la pena seguir erogando dinero en un órgano que no piensa. No sería extraño que en poco tiempo la inteligencia militar recobre el poder absoluto.
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