Ayer, que escuché a Álvaro Pop, uno de los indigenistas que organizaron la exposición “ Nuestra diversidad es nuestra riqueza”, expresarse sobre lo importante que es que nos acerquemos y nos conozcamos para borrar esa ancestral frontera entre “ ladinos e indígenas”, comencé a reflexionar sobre la importancia del planteamiento, y sobre lo necesario que se hace para que vivamos en paz y con justicia, que comencemos a ver esa diversidad como un valor cultural y no como un factor de menosprecio.
Frecuentemente he pensado que, si la mancha mongólica la llevásemos en la frente, viviéramos mucho más integrados, y no nos hubiera movido ese secreto y persistente afán de negar todo aquello que en nuestras facciones se hace obvio: Conformamos un país de abundantes mezclas raciales, donde predomina lo indígena. Necesitamos entender que si no nos integramos y nos conocemos mejor, no existen posibilidades de mejorar nuestras condiciones de vida tan sacrificadas y tan violentas para todos. Es importante darnos cuenta de que somos los guatemaltecos quienes debemos entendernos, integrarnos y unirnos. Ya que como dijo Martín Fierro: “Cuando los de adentro se pelean, los dominan los de afuera”. Y esto es lo más grave que nos está sucediendo hoy.
Es cierto que se dan la exclusión y la discriminación racial, especialmente hacia los indígenas, pero el problema más serio es el de la dominación, la sujeción dentro de un sistema de leyes que no todos conocemos ni la mayoría entiende, y que, generalmente, a la hora de la hora, favorecen a grupos y no a todos. Léase el sistema de cobro de impuestos, que favorece a unos y mantiene a la economía informal excluida de responsabilidades; el favoritismo para algunos monopolios, la forma como los gobernantes entregan nuestros recursos naturales, etcétera. Es decir que si el racismo y la discriminación nos han hecho mucho daño, más nos ha dañado servirle nuestro país en bandeja de plata a locales y extranjeros para que tomen ventaja de esas condiciones de desintegración en lo económico y lo social dentro de las que vivimos.
Cabe aquí también llamar a la integración a algunos grupos mayas, radicales, que se oponen y discriminan a quienes no son como ellos ni piensan como ellos. Que buscan la integración territorial para después declararse independientes. Llamar a la integración a los campesinos a quienes falazmente les han vendido la idea, que tienen que recuperar sus tierras que les usurparon hace 500 años, cuando sus instigadores bien saben que eso es, desde todo punto de vista, imposible.
Guatemaltecos somos todos. Y esto es lo que no hemos comprendido, y si el pasado fue doloroso, el presente lo es más y para todos. Así es que más vale que sigamos la idea de Pop, que platiquemos, nos conozcamos y nos integremos. Sólo conociéndonos aprenderemos a no desconfiar unos de los otros y sólo sabiéndonos guatemaltecos aprenderemos a defender lo que nos pertenece, este bello país tan despojado y despreciado. ¿Se anima usted a cambiar de actitud?
0 comentarios: