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¿Algarabía o bobería?

Se negoció mal: se pudo haber obtenido una tasa inferior de un 6 por ciento o 6.5 por ciento.

Por: Pablo Rodas Martini

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El martes continuaré con mi artículo: Iglesia versus gobierno. Interrumpo hoy esa secuencia para abordar la última negociación de bonos por el gobierno. No podía creerlo cuando leí el titular del Diario de Centro América de ayer jueves:

“Ventajosa colocación de bonos del tesoro en mercado externo”, y después en letras más pequeñas: “La considerable demanda de bonos de la República de Guatemala en el mercado internacional, permitió realizar una operación por US$330 millones, que refleja la confianza de la comunidad financiera en las políticas del presidente Berger”, y luego venían dos páginas enteras, como si hubiéramos ganado el “campeonato mundial de bonos del tesoro”.

Aclaremos varias cosas. Primero, el gran interés no representa una confianza en las políticas del presidente Berger. Por el contrario, sencillamente indica que Guatemala, pese a ser un país subdesarrollado, parcialmente analfabeta, violento, medio caótico y con tantos otros rezagos, siempre, pero siempre ha sido un buen pagador de su deuda. La comunidad financiera internacional sabe eso a la perfección y por eso nos han prestado dinero y nos seguirán prestando dinero hasta un punto en el que sientan que ya estaríamos rozando nuestra capacidad de pago.

En Guatemala hemos pasado por gobiernos militares, por guerrilla, por autogolpes –en años recientes sólo ha faltado una revolución–, pero pese a esos vaivenes, los acreedores extranjeros siempre nos han visto con buenos ojos, pues hemos sido cautos para endeudarnos, en comparación con otros países. Nos ven como un país pobretón que siempre ha saldado sus deudas en tiempo, que nunca ha estado en mora, y que mucho menos a caído en default –ya no pagar–, aunque para eso tenga que dejar de comer, sacrifique su educación o tenga una infraestructura precaria.

En otras palabras, lo de la confianza en las políticas gubernamentales es un disparate. Si esos US$330 millones hubieran sido en inversión extranjera, el titular del Diario de Centro América sí habría tenido toda la razón. Hubiera indicado que empresarios de otros países tendrían confianza en las políticas y en el rumbo del país y por tanto se arriesgan a venir a invertir.

Segundo, negociamos mal: se pudo haber obtenido una tasa inferior a la que finalmente se reconoció. El gobierno compara la tasa contra las que negoció el FRG y termina con una gran sonrisa, pero basta con ver la oferta y la demanda de bonos para darse cuenta de que se pudo haber obtenido una tasa inferior. Además, tengamos en cuenta que cuando se habla de esos montos, uno o dos puntos porcentuales representan decenas de millones de dólares en el largo plazo.

El gobierno quería colocar US$330 millones y los prestamistas querían dar más de US$2 mil 500 millones. La simple ley de la oferta y la demanda indica que los prestamistas veían nuestros bonos como una ganga (país pobretón pero cumplidor). Esas asimetrías tan pronunciadas entre oferta (US$330) y demanda (más de US$2 mil 500), indican que el gobierno de Guatemala y el banco intermediario equivocaron las tasas. El país pudo haber colocado los mismos US$330 millones por un 6 por ciento o 6.5 por ciento en lugar de los 8.125 por ciento con el que finalmente se cerró el trato. Ciertamente con una tasa menor, no habría habido demanda por US$2 mil 500 millones sino sólo por unos US$400 o US$500 millones, pero si el objetivo era colocar US$330, ¿qué más queríamos?

Tercero, endeudarse si se está en una situación precaria, como es el caso de Guatemala, no debe ser motivo de algarabía. Endeudarse para pagar gastos corrientes debería ser signo de vergüenza. De seguirse con esa alharaca, se corre el riesgo de que solamente estimule más endeudamiento ante la “facilidad” para colocar deuda. Ya el miércoles, el presidente de la Comisión de Finanzas del Congreso –diputado de la Gana– hablaba en Guatevisión sobre la posibilidad de nuevos endeudamientos. En otras palabras, una algarabía sin sentido, que más bien habría que llamar bobería, nos trastoca la realidad y sólo provocará que nos vayamos por la vía fácil: deuda, en lugar de la vía ardua: aumento tributario y/o reducción del gasto.
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