Transcribo extractos de la reseña hecha por Ramón Ramos al libro “El respeto”. Sobre la dignidad del hombre en un mundo de desigualdad (Anagrama, Barcelona, 2004), del sociólogo norteamericano Richard Sennet. Aparecieron en la Revista de Libros de la fundación Caja Madrid, abril 2004, Nº 88, y creo que merecen reflexión:
“La caridad hiere”. Sostener algo así es más que decir que el que la recibe está ya herido porque se ve arrastrado a pedirla; es afirmar, además, que la caridad misma hiere, descalificando humana y moralmente al socorrido. No sólo es incapaz de paliar la desigualdad social a la que se enfrenta, sino que agrega a la desigualdad de bienes y oportunidades la desigualdad moral. Pues quien recibe beneficencia no es objeto de respeto, sino un simple espejo sin nadie por detrás que lo sostenga, que se limita a reflejar lo único visible y a considerar en el mundo: el sujeto caritativo, benevolente, generoso.
Y no es que este último se comporte siempre como un redomado narcisista en busca de reconocimiento, sino que, con independencia de que esa sea o no su motivación, el sujeto pasivo de su generosidad no puede ser reconocido como un sujeto respetable en razón de su propio desvalimiento. El que no es capaz de valerse por sí mismo no es digno de respeto. Sólo existe, en realidad, como ocasión para la apoteosis moral de quien lo socorre, que aparenta tratar como a un hermano a quien sabe que no lo es, pues no sabe siquiera si es: no tiene cara, no es visible, no es a considerar; es sólo un algo que sostiene un espejo en el que la generosidad se mira a sí misma”.
Juiciosas palabras destinadas a desencajar la buena conciencia de las almas bellas y de los burócratas que administran voluntariosos programas de asistencia social.
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