Siete años es una corta edad para experimentar el fracaso.
María Olga Paiz
Siete años es una corta edad para experimentar el fracaso.
Cuatro de cada diez niños de primer grado del sistema público corren peligro de reprobar. Eso es algo que dejará recuerdos en sus vidas: muchos de esos 35 mil niños en riesgo desertarán para siempre de las aulas y la oportunidad única que brinda la educación para superar una herencia de pobreza y marginación. Los que se van, padecerán por largos años la sensación de haber fallado en algo importante en sus vidas. Para los que se quedan y a los que muy improbablemente se les podrá asistir para superar la sensación de derrota, esta primera experiencia de aprendizaje formal quedará asociada con el dolor y la humillación del fracaso, y con ello no sólo habrá sido dañada la autoestima y la confianza en su capacidad para ser exitoso, sino también habrán sido despojados de algo innato en el ser humano: el gozo de aprender. Aunque continúen en el sistema. Poco favor se hará depositando conocimientos en sus almas lisiadas.
Por eso me parece crucial esa decisión de 8 mil de los 11 mil maestros y maestras de primer grado consultados de regalar (porque es un regalo) su tiempo de descanso a esos 35 mil niños y continuar un mes más en las aulas para reforzar sus conocimientos, pero más importante aún: para ayudarlos a experimentar el triunfo y obtener una imagen positiva de sí mismos y de su esfuerzo. Al atender al llamado de La Gran Campaña por la Educación, esos maestros nos ofrecen a todos los guatemaltecos una muestra de auténtica solidaridad y nos inspiran a imitarlos.
Me parece que todos ellos, verdaderos héroes cotidianos y anónimos, merecen nuestra admiración, nuestro agradecimiento y nuestra oferta de ayudarlos en lo que haga falta para cumplir esta importantísima misión de salvar el Primer Grado.
0 comentarios: