El presidente Berger o sus delegados deberían desplazarse Honduras a inspeccionar todo lo relativo a la explotación de oro a cielo abierto.
Jorge Rivera del Águila
El presidente Berger o sus delegados deberían desplazarse Honduras a inspeccionar todo lo relativo a la explotación de oro a cielo abierto. ¿La razón? En San Marcos dicha explotación está por comenzar, en cambio en Honduras ya se terminó. Los daños en suelo guatemalteco aún no se pueden ver, pero en el vecino país ya se dieron. Otro problema, en el lugar: proyectado para iniciar estos trabajos se encontrarán los personeros de la compañía explotadora para explicar lo que ellos quieren al Presidente y asegurarle que todo irá muy bien.
Aunque el Presidente dice que no autorizará nada que dañe la salud de los guatemaltecos, parece ser que esta autorización ya se dio y, por patriotismo, debería cancelarse, salvo que sean mentiras todos los daños que sufrieron los pobladores en la explotación que hicieron a 80 kilómetros al norte de Tegucigalpa. La extinción de ríos y otras corrientes de agua, la dinamitación y pulverización de las montañas, la fuerte contaminación del aire con cianuro y la consiguiente aparición de enfermedades de la piel en niños y adultos, es el resumen de la calamitosa situación en que dejaron el lugar. Se debe actuar antes de que acontezcan los males para prevenirlos y no limitarse a que sucedan para lamentarlos.
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