La diplomacia guatemalteca debe promover y vender al país en el plano comercial y tecnológico.
Mario Fuentes Destarac
Guatemala es uno de los países del mundo en los cuales funciona la diplomacia tradicional con objetivos exclusivamente políticos y protocolarios. Sus misiones diplomáticas son simples transmisoras de intereses políticos internacionales.
El trabajo principal de las misiones diplomáticas se circunscribe a representar al gobierno en actividades y eventos oficiales, protocolarios y sociales, y se especializan en el cabildeo político y en mantener informado al gobierno del acontecer en los respectivos países.
Lo anterior, sin perjuicio de que los diplomáticos son nombrados a dedo por el régimen de turno, en función de que se encarguen principalmente de preservar la imagen del mismo y justificar todas sus actuaciones.
Personalmente, creo que esta diplomacia tradicional es inútil y un verdadero desperdicio para nuestro país. Si queremos que Guatemala aproveche las ventajas que le ofrece la globalización y las comunicaciones instantáneas, debe cambiarse radicalmente la naturaleza de sus misiones diplomáticas. Éstas deben convertirse en verdaderas promotoras y vendedoras del país.
Debe pasarse de la diplomacia política y protocolaria a la diplomacia comercial y tecnológica, lo que implica que los canales institucionales de las relaciones exteriores se conviertan en canales de comunicación formales e informales entre Guatemala y los otros países del mundo, para conseguir mejoras en la posición tecnológica guatemalteca y en la consecución de apoyos y ventajas comerciales.
Por cierto, no es suficiente la ayuda concesional externa tipo PNUD, AID o cooperación técnica y financiera. Es esencial lograr acuerdos de libre comercio y de cooperación tecnológica y comercial.
Es imperativo que afiancemos nuestras relaciones de intercambio con nuestros socios comerciales, y que con ellos trabajemos sobre temas como cuotas, barreras arancelarias y no arancelarias, propiedad intelectual, regalías, piratería tecnológica, dumping, subsidios y prácticas desleales de comercio.
Al efecto, debemos consagrar todos los esfuerzos en las relaciones diplomáticas, formales e informales, tendentes a servir nuestros intereses económicos. Deben afianzarse los vehículos de comunicación permanente en los que actúe decididamente el poderoso ingrediente de la diplomacia.
Estos vehículos deben ser de interacción e integración, y en su seno deben converger el sector privado, el sector público y el sector académico, en forma independiente, pero con el propósito común de impulsar el crecimiento económico y comercial del país, minimizando sus diferencias y motivos de conflicto.
En conclusión, la diplomacia guatemalteca debe transformarse de una diplomacia de corte político y protocolario, en una diplomacia de promoción y venta de nuestro país, que fortalezca y apuntale las relaciones de intercambio comercial y tecnológico entre nuestros empresarios y los de otros países, y asegure compromisos estables y de largo plazo.
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