Opinión:El sentido de nombrarNombrar es una actividad tan dinámica y tan rica en denotaciones de poder. Por: Gustavo Berganza
¿Será puta o será trabajadora del sexo? ¿Será hetaira o sexoservidora? Escoger la palabra para nombrar a una persona, un animal, un objeto o una ocupación, como sucede en este caso, está condicionado en gran medida por la posición que el hablante ocupa en la pirámide social y es consecuencia también del ambiente cultural dentro del que se desenvuelven los individuos.
Las personas que han adoptado voluntariamente la prostitución o que han desembocado en ella a fuerza de coacciones o de necesidades apremiantes, posiblemente querrán nombrarla con un eufemismo que no suene a estigma. Quienes piensan que ese oficio contraviene las expectativas de comportamiento establecidas dentro de un grupo social, optarán por nombrarlo haciendo uso de la terminología estándar, es decir, la que establece la Academia de la Lengua. Desde una perspectiva más sociológica, utilizar la palabra sexoservidora o trabajadora del sexo, en lugar de puta, expresa un intento por situar a la prostitución en un plano moralmente neutro. La prostitución, en este campo de significado, es equiparable a cualquier faena que implique la prestación de un servicio a cambio de una remuneración. El cuerpo de la mujer o del hombre, del cual ella y él son sus legítimos propietarios, es la herramienta de trabajo que será utilizada para llevar a cabo la actividad requerida. En el caso de un obrero textil, será el uso de su cuerpo el que permita fabricar telas o producir vestuarios. En el caso de quienes ejercen la prostitución, la finalidad será satisfacer las necesidades de quien requiere el servicio: un placer, un orgasmo o simple compañía. Es normal que quienes se dedican a ocupaciones que la sociedad sitúa en los más bajos escalones del prestigio, sientan la necesidad de resistirse y negarse a aceptar palabras que sitúan a esas ocupaciones dentro de lo prohibido, lo despreciable, lo indeseable. ¿Que el lenguaje sufre transformaciones a consecuencia de este forcejeo semántico? Por supuesto. ¿Que con ello se empujan palabras fuera del habla cotidiana hasta que se convierten en arcaísmos? Claro que sí, porque la transformación del lenguaje estándar es propiciada por el cambio social y éste es consecuencia, a su vez, de transformaciones en las relaciones sociales y en la forma como las personas las nombran y les asignan sentido. Las autoridades que se atribuyen el poder para aceptar o descartar palabras al final terminan por rendirse a la evidencia del uso y convalidan la legitimidad que encierran el uso de los nuevos términos. Por eso creo que nombrar es una actividad tan dinámica y tan rica en denotaciones de poder y de resistencia como para encasillarla dentro de los estrechos límites del diccionario. Como sucede con la legislación, la semántica oficial, aquélla que establecen las academias de la lengua, siempre va muy por detrás de los cambios que la sociedad impone en el lenguaje cotidiano. Agregar comentario: |
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