Cartas del Lector:
Me avergüenzo de ser periodista. Siéndolo yo mismo, me avergüenzo no por la falta de ética y principios morales que, en ocasiones, aqueja a estos profesionales, ni por su reiterada manipulación de la verdad en aras de intereses, odios o animadversiones personales, ni siquiera porque aspiren a ser catones y cicerones cuando simplemente son tristes y patéticos catilinas.
Me avergüenzo, sobre todo, por las altas cotas de ignorancia que hoy en día abunda entre los periodistas. En otras época de falta de libertad, los profesionales de la información podían ser tendenciosos y favorables al franquismo, pero tenían un profundo bagaje cultural del que las nuevas generaciones carecen en estos momentos. Esto ocurre, sobre todo, en televisión, cuyo inmenso potencial como transmisor de conocimientos e información es diariamente desaprovechado en favor de otro tipo de contenidos de muy baja calidad que más que formar, deforman. Esta triste realidad de la televisión española, en verdad de la televisión como fenómeno mundial, se hizo más patente que nunca hace unos pocos días. Sentado ante el televisor contemplé cómo un joven y atractivo, a la vez que inane presentador, aparecía con un polo de última moda. En pleno regreso de la estética de los años 80, el presentador, a quien tengo el gusto de conocer pues empezó su prometedora e incomprensible rápida carrera hacia el estrellato como compañero mío, lucía, como digo, un polo con las siglas “CCCP”. En un principio, invadido por la fiebre de lo políticamente correcto no caí en la enormidad de lo que aparecía ante mis ojos. ¿Qué les parecería si yo saliera en un medio de comunicación masiva con un polo del III Reich o de la Falange Española, el partido único durante el franquismo? Hubiera causado, y con razón, un gran sentimiento de indignación, algo que no ocurre cuando alguien aparece portando camisetas de un régimen despótico y totalitario como el de la antigua Unión Soviética. Pero qué es lo que ocurre. ¿Es acaso este simpático presentador un comunista? ¿Intenta trasmitir un mensaje totalitario a través de la pantalla? No, es mucho peor que todo eso. Es ignorancia y desconocimiento. El agradable presentador no sabe qué hay detrás de esas siglas, le hacen gracia, le parecen “fashion” y se las coloca. Quizá su descendencia, criados en ese ambiente de desconocimiento e ignorancia, acaben portando retratos de Hitler sin que nadie se escandalice, ¿quién sabe? Sólo hay que esperar a que pase el tiempo y que al calor del olvido terminen ocurriendo cosas así. Indignarse por la vesania de Hitler y perdonar u olvidar, (o peor que todo eso, desconocer) los crímenes de Stalin provoca que quien actúa de esa manera no merezca ningún respeto intelectual. Claro que tienen libertad de ponerse lo que deseen, el problema de este tipo de presentadores no es que crean en ideologías aberrantes, sino que sólo les importa lo que está de moda y no los principios y valores de una sociedad democrática y de libertades. Se llaman universitarios pero han pasado por la universidad sin que el conocimiento y el saber hayan calado en ellos lo más mínimo. En realidad, dudo mucho que sepan quién fue Stalin y supongo que creerán que la Unión Soviética y el stalinismo son cosas diferentes. Viven en un mundo de ignorancia y en él son felices. No se dan cuenta que por las rendijas de su ignorancia penetra el virus más letal, el del autoritarismo. Éstos son, en definitiva, los valores que nos llegan a través de la pantalla de televisión, gracias a un conjunto de periodistas que sólo tienen de esta profesión el nombre. Agregar comentario: |
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