El Equipo Nacional debe recuperar mañana frente a Honduras su estado anímico y su fuerza de grupo. La clave para la Selección contra Honduras será jugar con el mismo espíritu de sacrificio que mostró al inicio.
Primera enseñanza, de la derrota de la Selección contra Costa Rica, que no se debe olvidar: no tenemos grandes talentos individuales. Si se le ganó a Canadá en su cancha, y se salvaron los partidos contra los ticos en el Mateo Flores y los hondureños en San Pedro Sula, es porque este grupo de jugadores ha puesto alma, corazón y vida para disputar cada partido, siguiendo bien los planteamientos tácticos que les ha impuesto su cuerpo técnico.
Y contra la tricolor tica eso no se dio, evidentemente. Hay que reconocer en el equipo una fuerza ofensiva apreciable, fincada en el poder goleador de el Pescado Carlos Ruiz y la vena creativa de Gonzalo Romero, complementada con la vehemencia y potencia de el Tanque Dwight Pezzarossi, y la velocidad y entrega de el Loco Mario Rodríguez, además de los chispazos de crack de el Pando Guillermo Ramírez.
Pero hay que reconocer también que, sin el Pescado y Chalo, el equipo se vio huérfano de recursos ofensivos. Y eso tendría que entenderlo hasta el Primitivo. Pero eso no es lo más grave.
Sin solistas de primer nivel
Dwight Pezzarossi derrocha entusiasmo y entrega en el campo; el Loco Rodríguez no se cansa de correr; Fredy Thompson es un gran contención, con dinámica defensiva y vértigo ofensivo inagotables; y Mynor Dávila tiene una sangre fría y unas condiciones notables y esperanzadoras a sus escasos años; pero ninguno de ellos se vuelve tan desequilibrante como Chalo y el Pescado dentro del campo. Y ninguno de ellos reaccionó el sábado al vendaval que impuso Costa Rica.
Mucho menos el PandoRamírez, quien en repetidas oportunidades ha mostrado necesitar de concertinos de gran nivel y con temperamento más fuerte a su lado para ser un excelente acompañante. El jugador rojo, a pesar de sus notables cualidades técnicas, ha evidenciado que no tiene la fuerza anímica suficiente como para echarse el equipo al hombro y llevarlo al triunfo él solito. Y tampoco tiene por qué hacerlo, ya que el fútbol es un deporte de once contra once...
Y como no estaban Ruiz y Romero, pareció que aquéllos, habitualmente muy buenos jugadores, no podían tomar la batuta de la claridad de fútbol que da Chaloen el medio campo, o la contundencia de el Pescadoarriba; pero de ninguna manera podemos depender de estos dos jugadores, porque ni ellos funcionan a fullsiempre.
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