Uno. Indigestión de esperanzas. La Selección de fútbol fue a Costa Rica con el ego en impecables condiciones. Y tras de ella, como dice María Olga Paiz, iba la esperanza de que un triunfo hiciera olvidar al país el rosario de razones que lo tienen sumido en la depresión colectiva. En el inconsciente de quienes viajaron a sufrir la derrota en San José, seguramente iba también la idea de reafirmar el mito de la superioridad pasada: la idea de Capitanía y el deseo oculto de recuperar un liderazgo regional que terminó por colapsar con la crisis de los 80. Pero al final, la que sería terapia definitiva contra nuestro complejo de inferioridad frente a los ticos, se tornó amargo purgante que evacuó nuestros sueños de grandeza. Para algunos, el laudazo que anestesió la vergüenza lo proveyó la renuncia de Miguel Ángel Rodríguez de la OEA, acusado en su país de haber recibido sobornos. “Ya viste –leía yo ayer en un correo electrónico–, los ticos no son tan distintos del resto de los centroamericanos. Así que, por favor, dejá de joder poniéndolos siempre como ejemplo”.
Dos. El estancamiento del FRG. En otros países más familiarizados con el juego democrático, la derrota de un partido en las elecciones obliga a la renuncia del líder. En Guatemala, ni eso ha logrado forzar el retiro del general Efraín Ríos Montt de la Secretaría General del FRG. A diferencia de lo que le aconteció a la UCN del finado Jorge Carpio, el FRG ni siquiera pudo alcanzar la segunda ronda electoral, razón por demás razonable para esperar que el general hiciese mutis por el foro. Pero aparte de ser un partido caudillista, como lo fue la UCN y luego el PAN en su apogeo, el FRG tiene el gravísimo problema de carecer de cuadros, no sólo medianamente formados sino además idóneos para reactivar al partido. Arístides Crespo, el reelecto secretario general adjunto, ha demostrado ser un hombre fiel al patriarca, pero tengo la impresión de que no tiene el carisma ni los recursos como para inyectarle nuevo ánimo al partido. Y Zury, si bien tiene la ambición, todavía no logra desarrollar la visión estratégica necesaria y la tolerancia indispensable para construir alianzas. Además, da la impresión de que sus esfuerzos se concentrarán en lograr que su nuevo matrimonio le dure más que los anteriores. Extrañamente, Antonio Arenales Forno, actual diputado al Congreso, y quien sí podría aportar al partido, ha preferido mantenerse en un segundo plano. Todo lo cual hace pensar que el partido tal vez no renazca de entre sus cenizas.
Tres. Un merecido reconocimiento. La abogada Hilda Morales Trujillo ha dedicado gran parte de su vida profesional a extender y consolidar los derechos de las mujeres. De la defensa de intereses de mujeres y niños en casos de divorcio pasó a proponer reformas en el marco legal que reconocieran la igualdad de hombres y mujeres y que evitaran las agresiones a las que éstas son sometidas en el hogar. Gracias en gran parte a sus esfuerzos fue establecida la Comisión para la Prevención de la Violencia Doméstica. Ahora, Amnesty International la distingue con el premio Embajadores de Conciencia. Para Hilda, mis aplausos y mi agradecimiento por esa vida tan plena de realizaciones en pro de las mujeres.
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