laColumna: La Cuarta ParedHonrar honraNo tuve la suerte de verlo actuar. No lo conocí físicamente hasta el martes de la semana anterior. No sabía, asimismo, que comenzó a hacer... Por: Ariel Ribeaux
No tuve la suerte de verlo actuar. No lo conocí físicamente hasta el martes de la semana anterior. No sabía, asimismo, que comenzó a hacer teatro más o menos por 1952 en el Teatro de Arte Universitario y que junto a Rufino Amézquita fundó el grupo teatral G.A.R.A., y que más tarde formó parte de Los Comediantes montando obras como, por ejemplo, El inspector general, del ruso Gogol; Zipacná toma tu lanza, de Alí Triana y Víctor Hugo Cruz, y Los nazarenos, con adaptación y dirección de Manuel Corleto.
También me enteré recientemente que además trabajó como actor independiente en varios grupos: Escenario 79, dirigido por Manuel Lisandro Chávez; en Candilejas, con Guillermo Ramírez, en el grupo de teatro para niños Centauro, de Fernando Juárez, y en diversas producciones de Joam Solo. De igual modo fue actor de reparto en el Teatro Las Américas, y defendió en la escena, en innumerables ocasiones, el monólogo El tigre, de Darío Fo, con el cual incluso realizó dos giras a Europa. Lleva más de 50 años bregando en el medio teatral (espíritu de acero y compromiso más que plausible, teniendo en cuenta que éste da más dolores de cabeza que satisfacciones y las pocas que da son siempre espirituales) y ha actuado en más de cien obras en diversos medios (cine, radio, televisión...). Ha sido maestro de muchísimos actores y es único. II A Pinedón, como cariñosamente se le conoce a Rafael Pineda, ese ente inobviable en la Historia del teatro guatemalteco, se le realizó un homenaje por sus 50 años de trayectoria artística la pasada semana en el Teatro de Cámara Hugo Carrillo del Centro Cultural Miguel Ángel Asturias. Sinceramente, no soy amigo de los homenajes, pues en muy contadísimas excepciones éstos resultan en realidad sentidos y las más de las veces terminan convirtiéndose en espectáculos cursis, forzados y de discursos fríos e interminables, que en lugar de celebrar la estatura humana y profesional del homenajeado y acercar su figura a quienes asisten al agasajo, logran todo lo contrario. Éste no fue el caso. La celebración del medio siglo de trayectoria artística de Pinedón constituyó una auténtica fiesta, llena de amigos, sin acartonamiento por parte de los oradores, aderezada de humor y con un calor humano tan veraz como las lágrimas de más de la mitad de los asistentes al concluir la misma. Desde aquí mi homenaje. Salud, Rafa. Agregar comentario: |
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