laColumna: Lucha LibreDel diario vivir¿Por qué será que las cosas más comunes son las que más nos avergüenzan? Por: Lucía Escobar
Ayer me dirigía a un laboratorio médico para hacerme unos análisis. Iba con mi correspondiente muestra sólida y líquida bien disimuladas en una bolsa de Paiz cuando vi a un viejo amigo en las mismas que yo. Sentí que se me subían los colores a la cara por encontrármelo justo en tan desagradable mandado.
¿Por qué será que las cosas más comunes son las que más nos avergüenzan? ¿Será que nos recuerdan demasiado nuestro origen animal? A pesar de que ambos estábamos un poco nerviosos nos dimos un tiempo para platicar. Habían pasado diez años desde la última vez que nos vimos. Él estaba muy deteriorado físicamente (la buena vida, me dijo, el hoy gerente de una transnacional), me costó creer que alguna vez fue el más guapo de mi generación. Cuando le conté que soy periodista me vio con tristeza y me dijo: “Ah... entonces ya nunca se metió a la Universidad”. Supe que entre nosotros había una barrera que no me interesaba romper. Me despedí rápidamente y me senté a leer el periódico. En los titulares vi la terrible noticia de que había muerto Superman, sentí el dolor de quienes pierden al primer amor. Casi escuché a Emmanuel cantarme al oído “Algo se derrumbó dentro de mí, dentro de mí”. Pero luego me cambió el ánimo cuando leí que las “Estrellas de la Línea” le ganaron 8 a 1 a sus colegas salvadoreñas. Creo que a la Selección nacional le convendría intercambiar técnicas con las patojas. “Yo cada vez entiendo menos este mundo”, pensé mientras trataba de saber si era el Día de la Raza o De la Hispanidad o De la Resistencia y Dignidad de los Pueblos Indígenas. Talvez oír a La Tona en vivo y ver al Neco saltando por el escenario con un incensario en la mano me ayudaría a sentirme segura. ¿O será que ya estoy vieja? Agregar comentario: |
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