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¿Será ése nuestro futuro?

Fácilmente se expresaban en español o en una lengua aborigen.

Por: Rigoberto Juárez-Paz

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“Daniel Culajay murió hace unos dos años”, me dijo la joven y vivaz señora, vestida a la indígena, de San Juan Sacatepéquez, en un español claro y limpio, mientras esperábamos noticias acerca de una primeriza, en una sala de maternidad del IGSS. “Él era mero pícaro”, continúo la señora, “se casó con una patoja que podía ser su nieta y dejó varios hijos pequeños”.

Luego me enteré de que la señora también conocía a la mayoría de quienes fueron mis trabajadores en una parcela que me sirvió de distracción durante varios años y donde ahora hay una lotificación.

La interlocutora vive en la aldea Lo de Mejía, próxima a Ciudad Quetzal, donde vende sus verduras y hace sus compras. Su hija, de unos ocho años, sonreía y hablaba con gran naturalidad y simpatía, en idioma español, por supuesto, y se conducía como lo haría cualquier niña de su edad.

Al vigoroso y enamorado Daniel Culajay lo contraté hace más de 30 años para perforar un pozo, en una ladera de la montaña. Si allí saliera agua, pensé, podría regar por gravedad una buena extensión.

Pero, como a menudo sucede, Daniel se topó con una enorme roca, poco después de haber empezado su trabajo, una roca tan grande que sólo se podía “sacar” en foto, como diría un paisano. Le pedí entonces que probara en un área más baja, y que él eligiera el lugar. El viernes de la semana siguiente, cerca del mediodía, apareció Daniel por mi casa. Cuando lo vi tan serio se me bajaron los ánimos. “¿Encontraste piedra, otra vez?”, le pregunté angustiado, “¡Babosadas!”, gritó y de la bolsa trasera del pantalón sacó una botella que contenía parte de la primera agua que había encontrado.

Les cuento esto para compartir con ustedes la alegría que sentí el otro día al encontrarme en el IGSS con compatriotas, indígenas y no indígenas, especialmente mujeres, de gran simpatía personal, inteligentes, quienes fácilmente se expresaban en español o en una lengua aborigen, sin complejos ni resentimiento, y con una contagiosa alegría de vivir, pese a que para muchos de ellos la vida es muy difícil.

Cuatro veces tuvimos que llevar al IGSS a una parturienta primeriza. Ello nos permitió conversar con las mismas personas en varias ocasiones. Ahora creo más firmemente que aquello que está sucediendo en la periferia de la capital, sucederá en otras partes. Para que ello suceda, tiene que haber otros muchos polos de desarrollo. Tiene que descentralizarse el país. Sólo así se integrarán libre y espontáneamente indígenas y ladinos. A la luz de la experiencia, ni los programas gubernamentales de integración ni aquellos financiados desde el extranjero, lograrán su propósito. Necesitamos más libertad y seguridad y menos políticos para que haya más desarrollo, modestia aparte, a Jícaro City ya han llegado a radicarse comerciantes originarios del altiplano occidental. Fue un varoncito...
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