Opinión:El rescate del Primer GradoSegún la historiadora Josefina Antillón Milla, “el sistema educativo nacional durante la primera mitad del siglo XX, como toda la historia... Por: José María Magaña Juárez
Según la historiadora Josefina Antillón Milla, “el sistema educativo nacional durante la primera mitad del siglo XX, como toda la historia de ese período, tiene sus raíces inmediatas en la Reforma Liberal. Fue entonces cuando se excluyó a la Iglesia Católica de la educación estatal, se expropiaron edificios religiosos en algunos de los cuales se instalaron centros educativos, y se asentó en la Constitución que la educación primaria era obligatoria, y la sostenida por el Estado, laica y gratuita”.
El historiador Arnoldo Escobar C. acota: “Durante el gobierno de Estrada Cabrera (1898-1920), hubo momentos en que la educación fue considerada parte esencial de la política gubernamental, para crear una imagen de avance y preocupación del gobernante, y mostrar, tanto dentro como fuera del país, el interés especial que el Presidente tenía por la educación... “... Los alumnos que terminaban la escuela primaria, que no eran muchos, egresaban con una buena preparación. La jornada de trabajo escolar... era de seis horas diarias (cuatro por la mañana y dos por la tarde), seis días semanales, con un período vacacional de 45 días. Esto permitió cierta amplitud para impartir clases de caligrafía, dibujo, trabajo manual, artes industriales, además de las clases académicas... “Al caer el régimen de Ubico, el analfabetismo era de 65.36 por ciento, y en los grupos indígenas de casi el 100 por ciento”. Hoy, muchas cosas han cambiado, algunas de ellas para mejor, no así la educación pública. Los esfuerzos del Comité Nacional de Alfabetización, creado durante el gobierno del doctor Arévalo, al ser desvirtuados por los regímenes de la contrarrevolución del 54, no provocó mayores cambios, como no sea aquellos relativos al estado y solvencia económica de muchos de quienes las impulsaron. Hoy, el Ministerio de Educación se ha propuesto salvar el Primer Grado, gesto por demás encomiable, si no fuera por la vergüenza que esa realidad implica. Sin embargo, nunca es tarde para continuar lo que se empezó hace más de 100 años. Ese rescate debe traer consigo la actualización magisterial, tanto en materia pedagógica, como en la recuperación de los sagrados principios de ese apostolado, dignificando su labor con un salario justo y actualizado. Los esfuerzos siempre serán insuficientes para salvar la brecha que nos separa del desarrollo, entendiéndolo como la capacidad social para valernos por sí mismos, generar nuestras propias fuentes de trabajo y alcanzar el bienestar que todos merecemos. La educación conlleva reducir la tasa de natalidad, que dentro del contexto del subdesarrollo significa más atraso, ignorancia y pobreza, por lo que dirigirla a la niña, es fundamental. La obligación del Ministerio es crear las condiciones para que eso suceda y la del Estado, facilitar los fondos. El gobierno debe tener metas claras y sus programas de inversión ser consecuentes, teniendo como aspiración, el crecimiento y desarrollo de la Nación. Si la política es el arte de gobernar, quienes la ejercen deben reconocer que se gobierna para una nación y no para satisfacer deseos y ambiciones particulares. Otra meta es, para el 15 de enero próximo, entregar a cada una de las 3 mil escuelas diseminadas en el territorio, una biblioteca mínima. Ese esfuerzo se promueve ante innumerables fuentes de cooperación. Unos han puesto las cajas con logotipos a un costo de Q52 cada una, que contendrán libros y juegos. Se confía en que otros aporten los Q2,500 con que se llenará cada una de ellas. Sin lugar a duda ese esfuerzo es encomiable. Confiemos en que no entrañe la reducción de la obligación estatal de cumplir con una de sus obligaciones fundamentales, como es proveer educación a la niñez necesitada de instrucción, cuyo futuro, al igual que el de Guatemala, está a la vuelta de la esquina. Agregar comentario: |
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