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Doscientos años más tarde

Difícilmente haya preguntas más fundamentales que éstas.

Por: Rigoberto Juárez-Paz

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Ningún filósofo ha influido tanto en el pensamiento mundial de los dos últimos siglos como uno que nació en Kônisberg y nunca salió de su ciudad natal. Me refiero a Emmanuel Kant (1724-1804), el filósofo alemán en cuyo honor, 200 años después de su muerte, se está celebrando el Quinto Congreso Nacional de Filosofía, en los dominios de Irina Darlée, en Vista Hermosa, del 25 al 27 de este mes.

Jaime Luciano Balmes, quien vivió a principios del siglo XIX y quien fuera autor de El Criterio, expresó la opinión de que había que tener mucho cuidado con un autor alemán cuya filosofía estaba ingresando en España. La peligrosidad en referencia se entenderá cuando me refiera a las tres preguntas que la obra de Kant trató de responder.

Según les dijera hace unos años, Will Durant, un autor estadounidense, escribió que Emmanuel Kant dedicó su vida a responder tres preguntas:

1. ¿Qué puedo conocer?; 2. ¿Cómo debo vivir?; y 3. ¿Qué puedo esperar? Difícilmente haya preguntas más fundamentales que éstas para cualquier ser humano reflexivo, de cualquier tiempo.

La primera pregunta, ¿qué puedo conocer?, Kant se pasó 12 años para responderla. Su famosa obra La Crítica de la Razón Pura, es decir el análisis de la capacidad racional del hombre para obtener conocimiento, lo llevó a la conclusión de que sólo podemos conocer aquello que está, o puede estar, dentro de los límites de una experiencia. No podemos conocer nada que esté más allá de una experiencia actual o posible. Durante siglos, por ejemplo, no se podía saber cómo era el otro lado de la Luna, es decir el lago que está atrás cuando es de noche en la Tierra y vemos la Luna iluminada por el Sol, pero sí era posible descubrirlo. Cuando un cohete ruso se colocó atrás de la Luna y pudo fotografiarlo, supimos que el otro lado se parece mucho al que vemos en noches de Luna. Cráteres, valles y montañas muertas en los que los seres humanos ya han caminado, gracias a la moderna tecnología.

La segunda pregunta, ¿cómo debo vivir? La respondió diciendo: “Actúa siempre por respeto a la ley moral. No es suficiente actuar de acuerdo con la ley”. Quien actúa, por ejemplo, por temor a las consecuencias de no hacerlo, no actúa “por respeto a la ley”, sino sólo “de acuerdo con la ley”. Ello carece de valor moral. Para expresarlo de otra manera, es necesario actuar: “en obediencia a un imperativo categórico”. Ello requiere que cuando te preguntes, “¿qué debo hacer en este caso?”, estés seguro de que tú sinceramente querrías que todo ser humano, que se encuentre en tus actuales circunstancias, actúe de la misma manera.

Y la pregunta, “¿qué puedo esperar?”, la responde diciendo “tu alma vivirá indefinidamente. Es tan difícil acercarse a la perfección moral mientras vivas (actuando por respeto a la ley) que es preciso postular la existencia indefinida de tu alma”.
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