Si bien reconocemos que el proyecto del Parlamento Centroamericano (Parlacen) fue atinado con miras a la integración económica, jurídica y política...
elEditorial
Si bien reconocemos que el proyecto del Parlamento Centroamericano (Parlacen) fue atinado con miras a la integración económica, jurídica y política de los países de la región, no compartimos todos los criterios bajo los que se concibió originalmente.
No compartimos, por ejemplo, la idea de que los ex Presidentes y ex Vicepresidentes de los países miembros se conviertan en diputados natos del Parlacen, ya que no solamente no son elegidos como parlamentarios, sino porque la institución les sirve de escudo de impunidad para que no puedan ser encausados criminalmente por hechos punibles derivados de sus gestiones públicas.
Casualmente, la Corte de Constitucionalidad (CC) de Guatemala, en una reciente sentencia, declaró inconstitucionales las normas del Tratado del Parlacen que incorporan a los ex Presidentes y ex Vicepresidentes guatemaltecos como diputados natos del Parlacen y que garantizan el derecho de antejuicio (inmunidad) a los parlamentarios chapines. Ahora bien, aunque este fallo fue bienvenido por la inmensa mayoría de las poblaciones de los Estados- Parte del Tratado del Parlacen, y especialmente por la guatemalteca, no resolvió el asunto en definitiva, porque para ello es necesario que se reforme el Tratado del Parlacen.
Tampoco estamos de acuerdo con que las decisiones del Parlacen se queden en meras propuestas y recomendaciones, y que no tengan carácter vinculante (obligatorio) para los Estados-Parte. Este pecado de origen convirtió al Parlacen en una institución ineficaz.
El número de diputados al Parlacen por cada país (22) también ha sido motivo de cuestionamiento. Entendemos que la propuesta costarricense en el sentido de que el Parlacen se integre con diputados de los congresos o asambleas legislativas de cada uno de los Estados-Parte, no ha cuajado entre los partidos políticos de la región; sin embargo, por lo menos debería aceptarse que se reduzca el número actual de parlamentarios y, con ello, el costo de funcionamiento.
En conclusión, el Parlacen debe repensarse y replantearse, con el objetivo de que su operación sea eficiente y realmente eficaz, para beneficio de los pueblos de la región, y que deje de verse como un elefante blanco, o como un antro de impunidad para ex gobernantes con colas machucadas.
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