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Esperanzas truncadas (III y final)

EE.UU. y el Ejército truncaron las esperanzas de un pueblo.

Por: Miguel Ángel Albizures

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Con el ánimo de extirpar el “virus del comunismo”, inmediatamente después de la contrarrevolución constituyeron el Comité de Defensa Contra el Comunismo, que persiguió a la dirigencia de los partidos y las organizaciones sociales. La Confederación General de Trabajadores de Guatemala (CGTG) , la Confederación Nacional Campesina (CNC) , el Sindicato de Trabajadores de la Educación de Guatemala, el Sindicato de Acción y Mejoramiento Ferrocarrilero , el Sindicato de la United Fruit Company y las principales federaciones, fueron disueltas.

La ley de los monopolios y transnacionales, a quienes la Revolución puso en cintura, empezó a regir en el país en 1954 como fruto de la contrarrevolución. A la frutera le fueron devueltas las tierras afectadas con la Reforma Agraria, se tasajeó el Código de Trabajo promulgado el 1 de Mayo de 1947, se eliminó el derecho de sindicalización y huelga de los trabajadores del Estado, los salarios fueron reducidos, se produjeron millares de despidos, el sindicalismo se debilitó de golpe y más de cinco mil personas murieron a manos de los grupos paramilitares afines a quienes asumieron el poder. Estos mismos grupos fueron los que, a lo largo de varias décadas, siguieron activando en contra de todo aquél que propugnara por el cambio del sistema.

La comparación de la composición del movimiento sindical y campesino antes de la contrarrevolución y su situación en 1961, nos demuestra los estragos ocasionados por el anticomunismo que actuó con la bendición de la Iglesia católica, aliada del MLN, y de la tropa invasora, financiada y dirigida por los agentes estadounidenses.

El Congreso Unitario de la CGTG y la CNC, realizado en octubre de 1951, arrojó la participación de 2 mil delegados de más de 400 organizaciones. Para 1952, la CNC decía tener 215 mil afiliados y, en 1953, la CGTG tenía 104 mil miembros. Mientras que en 1961 las estadísticas oficiales nos presentan un panorama desolador en el que existen sólo 50 sindicatos, de los cuales 9 son organizaciones campesinas y el resto, urbanas, que apenas llegaban a 23 mil 985 afiliados, según Mario López Larrave, en el libro Breve Historia del Movimiento Sindical.

En síntesis, los últimos seis años de la década de los 50 y la década de los 60, están marcados por los acontecimientos poscontrarrevolucionarios: la constante convulsión social en los dos años anteriores, 58 y 59, y la intervención del Estado a favor de los patronos; el levantamiento de los cadetes el 2 de agosto del 54 contra el Movimiento de Liberación Nacional y por la dignidad nacional; el asesinato del coronel Carlos Castillo Armas y las elecciones fraudulentas; la rebaja de salarios de los trabajadores, especialmente del campesino en un 50 por ciento, según cuenta Fernando González Davison, en su libro Guatemala 1500- 1970, Reflexiones sobre su Desarrollo Histórico; así como el aumento de precios de los productos y los constantes despidos; la debilidad del movimiento sindical, al haber sido disueltas múltiples organizaciones; las constantes huelgas de los ferrocarrileros, del IGSS y del Magisterio; la psicosis anticomunista, que afecta el desarrollo del movimiento sindical, popular y democrático; el triunfo de la Revolución Cubana, entre otros.

Con estos hechos y justa razón, podemos decir hoy que con la contrarrevolución, Estados Unidos y los traidores del Ejército de Guatemala truncaron las esperanzas del pueblo de lograr un país democrático.
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