Dos hijos de 5 y 8 años, el primero con parálisis cerebral, son suficiente motivo para que Esther se aferre a la vida en espera de un donante.
En la víspera de un nuevo año, Esther continúa en su trajín de trabajo en salón Griselda de la zona 10, donde trabaja la jornada completa como pedicurista, agradecida e inclaudicable por la fuerza que le dan las sonrisas de sus hijos, confiando en conseguir un donante. Eso es lo que pide en sus oraciones de fin de año, almas que le ayuden a hacer realidad el milagro de vida, porque el tiempo se agotó.
Este espacio es para promover el diálogo, compartir, discutir y argumentar sobre el artículo publicado, únicamente.
Se prohíben mensajes que contengan:
Nos reservamos el derecho de editar o eliminar cualquier mensaje que no cumpla con las condiciones anteriores. Y de ser necesario bloquear a usuarios.
Al participar, acepta las reglas y el aviso legal.
0 comentarios: