Es alarmante el resultado tan negativo de la reciente encuesta sobre el Gobierno.
Jorge Palmieri
Al cumplirse el primer año del Gobierno que presiden el licenciado Óscar Berger y el doctor Eduardo Stein, elPeriódico encargó una encuesta a la firma especializada Borge y Asociados, y el señor Víctor Borge llevó a cabo un trabajo de campo entre el 27 de diciembre del año pasado y el 7 de enero en curso, para lo cual hizo 1,000 entrevistas a 500 hombres y 500 mujeres mayores de edad. Los resultados no sorprenden, pero son alarmantes y creo que el Gobierno haría bien en prestarles atención para tratar de resolver –o por lo menos mejorar– lo que le sea posible. Es obvio que los resultados expresan sólo lo que opinan las mil personas encuestadas, y que no necesariamente es la opinión de toda la población, pero, como siempre ocurre en las encuestas, los resultados son un reflejo de la opinión general y deben ser tomados en consideración.
Recién iniciada su gestión presidencial, se publicó con bombos y platillos que el Presidente Berger obtuvo 83 puntos y era “el gobernante más popular de América Latina”, pero ese punteo ha bajado a un 55.8 por ciento por la sucesión de sus errores que ha cometido. Sin embargo, no se puede decir que dicho punteo es demasiado bajo, ni que se le pueda catalogar como un gobernante impopular, porque gracias a su personalidad tan sencilla y bonachona sigue gozando de la simpatía de muchos, aunque tampoco se puede decir que están satisfechos con su gobierno.
No se puede negar la enorme satisfacción que compartimos los televidentes y radioescuchas porque ya no ha habido las odiosas “cadenas nacionales” para obligar a todos a verles las caras de cínicos y escuchar las venenosas babosadas que nos dijeron los anteriores gobernantes. Nos agrada que en el transcurso del primer año de Gobierno no se dieron casos escandalosos de corrupción en las filas burocráticas. Es positivo que ya no haya la negativa inquina contra el sector privado que hubo durante el período pasado. Creo que muchas de las personas que integran el Gobierno son honradas y tienen buenas intenciones de servir al país y no servirse de él como lo han hecho otros en nuestra triste Historia. Pero a pesar de la buena voluntad de muchos de los funcionarios públicos, no bastan las buenas intenciones porque nos han demostrado que no están debidamente preparados ni capacitados para desempeñar las importantes responsabilidades que tienen a su cargo. Es evidente que no han sabido gobernar el país.
Hay insatisfacción porque el coste de vida ha aumentado en forma desconsiderada mientras que los ingresos de las clases baja y media no han mejorado para nada. La criminalidad e inseguridad públicas siguen en su apogeo a pesar de las buenas intenciones que no dudo que tengan el ministro de Gobernación y el Director General de la Policía Nacional Civil, pero por una u otra circunstancia no han podido impedir la delincuencia. Sabemos que hay escasez de elementos para que puedan obtener el éxito deseado, pero esa circunstancia no sustituye la necesidad de seguridad que es indispensable para que haya inversiones y se incremente el turismo. Los vecinos salvadoreños y hondureños están en su derecho al cuidarse de la terrible delincuencia que hay en nuestras carreteras.
Ha transcurrido un año sin gobernabilidad y la anarquía ha venido en aumento cada vez que la población descontrolada pone en jaque a las autoridades, como lo que ha sucedido en estos días en Los Encuentros por el paso de un cilindro para explotación minera que está siendo transportado al departamento de San Marcos. La delincuencia común y la criminalidad siguen haciendo de las suyas ante el pánico de los pobladores que no sabemos si cuando salimos a la calle por la mañana vamos a regresar con vida a nuestra casa.
Guatemala sigue siendo escala y destino del narcotráfico internacional y cada día aumenta aquí el número de jóvenes consumidores de crac, cocaína y otras drogas que se venden en bares, restaurantes y demás lugares públicos. El contrabando sigue en su apogeo porque hasta el momento las autoridades no han logrado controlarlo, aunque ya no son los mismos capos. Con los muchos millones de quetzales que se pierden todos los días en el contrabando, el Gobierno resolvería muchas de sus necesidades.
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