Opinión:¿Promesas olvidadas?El problema radica en las elevadas expectativas generadas durante la campaña. Por: Hugo Maúl R.
¡Por supuesto que Berger no podía quedar bien con todos! Mucho menos lograrlo durante su primer año de gobierno. Si lo sabíamos, ¿por qué nos quejamos tanto de los resultados hasta hoy alcanzados? En algunos casos podría argumentarse que hubo decisiones equivocadas. Concedido. Sin embargo, en la mayoría de casos, me parece, el problema radica en las elevadas expectativas generadas durante la campaña.
De una manera u otra, muchos guatemaltecos quisieron creer, una vez más, que la situación se arreglaría como por arte de magia. Ahora, un año después, muchos de ellos despiertan a una dura realidad: hace falta mucho trabajo, dedicación y un rumbo claro para que el país cambie. ¿Acaso no lo sabían de antemano? La historia nos vuelve a mostrar lo fácil que es hacer promesas. Hacer un plan de gobierno, para integrar de manera coherente las promesas, ha sido un tanto más difícil. Ejecutar dicho plan, y cumplir con las promesas, es un asunto pendiente. Aunque tal vez es un poco tarde, aún es tiempo para considerar algunos de los aspectos que comparten los planes de gobierno exitosos. Primero, antes de prometer es importante considerar las restricciones políticas y sociales que limitan lo que puede hacerse desde el Ejecutivo. Segundo, no hay que dar la impresión de que todas las variables están bajo control. Esto es una mentira. Nada se gana tratando de dar una impresión de falsa de fortaleza. Tercero, hay que establecer prioridades claras. Mejor si pueden ser sujetas de medición. Aunque es urgente avanzar en todos los frentes, no debe convertirse esto en “la prioridad número uno”. De ser así, el plan perderá coherencia y estará destinado a fracasar. Como dice el refrán, “el que mucho abarca poco aprieta”. Cuarto, la credibilidad es fundamental. Se debe evitar, a toda costa, intentar, construir “castillos en el aire”. Los pocos resultados que se le achacan al gobierno no se deben necesariamente a la falta de ideas, entusiasmo o creatividad de sus funcionarios. En muchos de los casos el problema radica en haber hecho promesas muy difíciles de cumplir. Por supuesto, no se puede pedir a un político, oficialista o de oposición, que ofrezca “sangre, sudor y lágrimas”, menos en una democracia como la nuestra. Sin embargo, sí habría que exigir un poco más de realismo a los políticos. Es una negligencia temeraria pretender gobernar un país con base en simples promesas. Da lo mismo si el político pertenece al partido oficial o a la oposición. Agregar comentario: |
Más en esta sección
Mas enviados
Los más leidosLos más comentados |
0 comentarios: