laColumna: Lucha Libre
Hay gente que odia cumplir años. A algunas les da terror que sepan su edad y piensan que ocultando sus años, esconden también las arrugas. Otros creen que eso de los cumpleaños es un invento, ya que la edad tendría que empezar a contarse desde el momento de la concepción. Así que todos tenemos nueve meses más de lo que decimos. Los más pesimistas dicen que no es un año más, sino un año menos de vida. Y existen también las extremistas como la Bea, quien al estilo de las radios lo aturde a uno con frases como “faltan 3 meses, 2 semanas para mi cumpleaños”.
Por otro lado, no es lo mismo cumplir 5 años que 40. Cuando yo era pequeña, por ejemplo, pasaba en vela sin poder dormir la noche antes de mi cumple. Esperaba ansiosa, escuchando los ruidos de la madrugada, imaginaba cada movimiento en la casa, y esperaba que mi familia se despertara y que entraran a mi cuarto a cantarme y a llenarme la cama de regalos. Yo me hacía la dormida, aunque llevara horas con las ojos abiertos. A veces pensaba que era tardísimo, que todos habían olvidado mi cumpleaños y lloraba bajo mi almohada pensando que nadie me diría nada. Pero eso nunca pasó, por lo menos de niña. Fui creciendo y en esa misma proporción fueron disminuyendo la cantidad de regalos recibidos y el entusiasmo con que celebro ese día. Mis últimos cumpleaños han sido bastante desabridos y los presentes han llegado con algunos días de retraso, luego de algunas indirectas y recordatorios míos. En fin, tanto rollo es para decir que en un día como hoy, hace veintiseis años nació el hombre con quien me gustaría pasar el resto de mi vida y mi fuente más pura de felicidad. Y aunque en este instante, no estoy a su lado para abrazarlo y besarlo, le mando por este medio muchas felicitaciones. Agregar comentario: |
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