laColumna: Mondo SonoroOrellana de amplio espectroLa permanente inquietud y búsqueda de Joaquín Orellana vuelve a proponernos otras exploraciones musicales en su nuevo disco Hojas de álbum, esta vez con duetos y sin su... Por: Jorge Sierra
La permanente inquietud y búsqueda de Joaquín Orellana vuelve a proponernos otras exploraciones musicales en su nuevo disco Hojas de álbum, esta vez con duetos y sin su quinteto Pentaforum.
Esta placa presenta el lado melódico de Orellana como también el vanguardista; al temprano compositor (de hace 40 años atrás), como al compositor aquilatado. En esa última posición escribió: Cajita de alegres penas, Balada de junio y Romance de papel. Las tres son obras para violín y piano que, como aclara Orellana, “tienen una especie de retorno a la época de las obras románticas para esos dos instrumentos”. En efecto, evocan viejos tiempos con un toque elegante y preciosista, aspectos logrados gracias al conocimiento profundo que Orellana tiene sobre el violín (él es violinista), y también porque es un maestro del sentido plástico y del contraste sonoro. No se obvia aquí el aporte de la pianista Alma Rosa Gaytán y del violinista José Santos Paniagua. Santos es dueño de un fraseo y de una visión musical cautivadora. Aquí se entrega con placer. La estatura de Orellana como compositor se revela en dos piezas más: La vanidosay Violín sideral. La primera, escrita hace cuatro décadas, alude a la vanidad de la pieza misma, y es que se envanece del contrapunto y de la estructura formal alambicada que posee. Es muy diferente a lo anterior y a lo posterior, puesto que aquí hay un mayor juego entre violín y piano, como también un acento mayor al carácter del violín. Violín sideral, en cambio, evoca el sistema dodecafónico que el célebre austríaco Arnold Schoenberg ayudó a descodificar. No es una composición convencional por varias razones: Una, por carecer de melodía, otra, porque a veces el piano induce al violín, y viceversa; y tercero, porque dentro de ese sistema la música es textura, fuerza y con emociones interiores. El violín en ambas, corre a cuenta de Néstor Arévalo Almorza, quien se sitúa a corta distancia de los deseos del compositor, por no decir que se adapta a las coordenadas expresivas apeladas en las obras por demás difíciles, sea por los quiebros imprevistos, el humor o por la fluidez en la ejecución que exigen. Orellana continúa con esa musicalidad inatacable. Demuestra, además, con sobresaliente creatividad, que sus inquietudes son puramente musicales, por tanto, con búsquedas inagotables de amplio espectro. De hecho, está ya a las puertas de un proyecto que incluirá canciones urbanas y de barriada. Cómprelo por vía telefónica al 2460-6016 o en Musical (13 calle, zona 1). Agregar comentario: |
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