laColumna: El Bobo de la Caja
Cualquiera diría que hemos avanzado, que las técnicas para doblegar la excentricidad de los rebeldes son ahora más “humanas”. Yo digo que, sutilezas más, sutilezas menos, la estrechez de miras de quienes pretenden corregir a todos los que no pasamos por su aro de “normalidad” sigue campante, peligrosamente al acecho.
En los 50 la llamaban “rebeldía”, y los especialistas (¿?) la trataban con choques eléctricos. Hoy, a los niños se les diagnostica “hiperactividad” y les recetan Ritalina. Pero el ejercicio de neutralización es el mismo. Criaturas con chispa en los ojos y cachiflín en el trasero reducido, gracias a dosis auspiciadas por papá y mamá (esos que gritan “¡no a las drogas!”), a borregos sumisos, a avispas fumigadas. “El colegio siempre fue una escuela de obediencia y los maestros se gastaron nuestra niñez exigiendo respeto a la autoridad; no educándonos, sino amaestrándonos”, me escribe un sobreviviente de 19 años. “Toda una nueva era de tranquilizantes se nos administró, manteniéndonos hasta la mierdadurante la época más importante de nuestra niñez y, como consecuencia, cortando la sobria visión del mundo por el resto de nuestras vidas”. “Te cortan las alas”, me dice más tarde. “Querés aprender, pero no te dejan. Los maestros te chingan”. Sí, le digo yo; castigan tu iniciativa, condecoran tu obediencia, sos una amenaza para ellos: no quieren que ampliés tus horizontes, te quieren controlar. Y para tus viejos sos un problema. Para empezar, sos mucho más listo que ellos, y saben que no tienen respuestas convincentes para darte, porque los “valores” en que dicen sustentar sus acciones están más devaluados que nunca, y el mundo en el que creen, lejos de ser aquel paraíso que algún día te pintaron en aquellas inofensivas caricaturas, es un verdadero asco. Agregar comentario: |
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