Esta vez, no son ni la peste, ni los credos religiosos, ni las manías de Hitler, lo que tiene atribulados a los miembros de la Unión Europea, son los desacuerdos que afloran porque la unión no es general, ni todos los pueblos piensan igual sobre una sola Constitución, ni acerca de las asignaciones presupuestarias y los conflictos sociales originados por la globalización que, en el diario vivir, les afecta negativamente. El “no” de Francia y de Holanda ha sido inesperado y devastador. El día de hoy y el de mañana, en la Cumbre de Bruselas, discutirán sobre la conveniencia de darse un respiro antes de continuar con las consultas, los problemas individuales de los países y, especialmente, discutirán el Presupuesto de la Unión Europea que regirá de 2007 a 2013 y, en este tema, las discrepancias más grandes ya trascienden.
La visión triunfalista y fraternal que, en el transcurso de 20 años, han dado los dirigentes políticos de los países más prósperos y desarrollados de Europa ha pasado, en pocos días, a un plano más discreto. El temor por el descalabro tiene tanto a dirigentes como a ciudadanos más reflexivos y más alertas sobre cuáles serán los parámetros que regirán sus destinos, si no se vuelven a subir al carro alado de la igualdad, esta vez, con el tiempo en la vía contraria. Las encuestas revelan un efecto dominó. En Bruselas, Portugal, Rumania, la República Checa e Irlanda, la tendencia por rechazar una sola Constitución ha crecido en los últimos días. Así es que cada dirigente planteará la conveniencia de posponer todos los referéndum programados, quién sabe hasta qué fecha y con cuántas enmiendas.
La economía ha sido floreciente para unos, pero ineficiente para otros. Los más beneficiados han sido los capitales que evaden impuestos en sus países y los trasladan a otros que los suprimen, dentro de la misma Unión.
Los tres mosqueteros que, tan graníticamente unidos vimos con su apoyo a Bush, para convencer a los demás pueblos del mundo de las armas de destrucción masiva en Irak, han comenzado a difundir sus discrepancias, y ninguno de ellos está dispuesto a ceder un centavo de sus privilegios económicos. Ya Blair, que tomará posesión como presidente de la Unión el 1 primero de julio, le ha dicho a Chirac que, de los 5 billones de euros que reciben anualmente, la Gran Bretaña no está dispuesta a renunciar a nada. Menos la rebaja a 4.6 como se le propone. Le sugirió, “que sería mejor, que se discuta ampliamente el 44 por ciento que el presupuesto asigna a las subvenciones agrícolas, de las que Francia es el mejor beneficiado. Chirac le respondió, que de eso ¡nada! Mientras el Canciller alemán, el país que más dinero aporta a la Unión, urgió a los demás miembros, a reconsiderar cada uno, una disminución de sus asignaciones.
Si de esta Cumbre no salen propuestas más flexibles que tomen en cuenta las necesidades de los pueblos de países miembros que sufren de desempleo, inflación, delincuencia e inseguridad, no se habrá dado el paso para saltar el bache. La Unión Europea no puede precipitarse a un estado de confusión y de mutuo rechazo por las asignaciones económicas. Los grandes logros alcanzados en el desarrollo de países que han sabido aprovecharlas, no pueden ser abandonados por el empecinamiento de los más grandes. Ahora veremos si la fraternidad, es palabra carente de contenido, o si sostiene los principios de las más fuertes democracias.
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