La Muni ya no es una trampita. Es un negocio eficiente.
Méndez Vides
La Municipalidad de Guatemala está dictando cátedra en cuanto a las mil y una formas de aplicar multas rentables, de pago rápido, para mantener vivas sus arcas. La mara de la loba se desvela y empeña en el diseño e invención de nuevos modos para penalizar ágilmente a los vecinos que caen en falta. Es enteramente comprensible que se sancione a quienes incumplen las normas, pero lo increíble es observar cómo los funcionarios ediles se esmeran tanto en aplicar el castigo económico. Más que un látigo para recordarle al vecino sus límites, existe hoy día todo un sistema dedicado a la cacería de infractores: pagos del IUSI, construcciones sin licencia, autos que se pasaron de la velocidad permitida o cuyo chofer olvidó ponerse el cinturón o por estar estacionado una pizca encima de la línea roja que señala el territorio prohibido de las esquinas. No es de extrañar que su acción se aprecie como de enemigos, porque están siempre muy oportunos para exigir cuando de dinero se trata. Será por ese estilo de la cabeza con tradición de conquistador, que aún cree que los ciudadanos conformamos su propia encomienda.
La agilidad de los burócratas frena cuando se trata de velar por los derechos de los vecinos que pagan el agua pero no les cae una gota en todo el día (con los caños muertos), porque de noche lo que sale es lodo, porque la basura se acumula en las esquinas, porque hay quienes deciden cerrar las calles (practicantes del feudalismo) y les están impidiendo a otros el libre tránsito, porque los agujeros en el asfalto ya son barrancos, porque les volvieron vía rápida la avenida o les mandaron poner enfrente un montón de camionetas, porque los cables de energía eléctrica aparecieron encima de su techo o nublan la vista del paisaje de volcanes desde su ventana.
Hace algunos años la Muni impuso la ignominia de los cepos, instrumento de tortura para los vehículos, ejercicio del secuestro perfecto para obligar a pagar rápido a los infractores. Una costumbre poco sana, en línea con la industria nacional de la amenaza y la extorsión. Ahora se han modernizado mucho más, están empezando a utilizar un sofisticado sistema de dispositivos de bolsillo o computadoras en miniatura para que las multas por incumplimiento del reglamento de tránsito se vuelvan obligación en cosa de diez segundos, para que los felices vecinos puedan irse muy contentos, agarrados de la mano, bailando y cantando a la vuelta del toro torojil, a pagar su multa el mismo día. ¡Qué eficiencia! La burocracia queda determinada solo para quienes van a pedir.
La Muni actual ya no es la trampa de antes, ahora luce como un negocio eficiente, donde todo se va pudiendo mientras se vaya pagando. El servicio a la comunidad se ha convertido en un mandamiento que cobra multas por doquier a una masa humana que se encuentra insatisfecha con su ciudad.
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