Hablamos de muchos temas, no sólo de las nalgas de la atractiva Jennifer López.
Jorge Palmieri
El fotógrafo Jesús Alfonso llegó pronto y sin perder tiempo comenzó a tomar fotos. Le invité a almorzar con Paola y conmigo y, aunque al principio dijo que no le sería posible, se quedó a compartir la entrada de salmón ahumado estadounidense con queso crema y alcaparras, y el plato principal que fue pechugas de pollo al chipotle al estilo puntas de filete, que yo mismo preparé con la receta de mi entrañable amigo Mario Moreno Cantinflas. Por cierto que no supe si les había gustado el menú que les ofrecí. A todo esto ya me había echado un par de whiskys en las rocas y abrí una botella del magnífico vino tinto Luigi Bosca Gala 1 del año 2002, hecho con uvas Malbec Petit Verdot Tannet de Mendoza, Argentina. Pero ellos bebieron sólo agua. ¡No saben lo que se perdieron!
Al terminar de almorzar molí una mezcla de café en grano de La Antigua con café de Cobán y preparé un excelente expresso para continuar la conversación. Yo me había dado cuenta de que la grabadora estuvo encendida todo el tiempo, o sea que grabó todo lo que hablamos cuando estábamos comiendo, lo cual no me gustó –para ser franco– porque está bien grabar una entrevista pero cuando se graba todo es como un acto de espionaje. Sin embargo, no le dije nada. Durante cinco horas hablamos de diferentes temas, como política, religión, mujeres, sexo, mis amigos y enemigos, los inconvenientes de la vejez, Viagra, Cialis, etcétera. Y hablamos de que hasta en el mismo periódico donde se publican mis columnas hay personas que no me pueden ver ni en pintura y estarán felices cuando deje de escribir. Me dijo que dicen que estoy chochando y le contesté que hay un loco que dijo que sufro de Alzheimer. Le conté un montón de anécdotas de mis experiencias, pero no dijo nada de eso, pero sí dijo que me gustan mucho las nalgas de Jennifer López, lo cual es verdad. En consecuencia, la entrevista fue graciosa, pero muy frívola, insustancial e intrascendente.
Me preguntó cómo me puedo enterar de tantas cosas si salgo poco de mi casa, y le respondí que mi casa es como un crisol en el que se funden informaciones y opiniones que traen quienes me visitan, como dijo el ex presidente Arévalo. Paola insistió: “¿Y para qué lo visitan?” Era evidente que por ser muy joven ignora que los viejos con experiencia solemos dar consejos sobre muchas cosas, pero le expliqué: “Para platicar conmigo, para conocer mis puntos de vista y opiniones.” Y entonces me preguntó a quemarropa: “¿Y usted de qué vive?” Iba a contestar “¿Qué le importa?”, pero me armé de paciencia franciscana para explicarle que hay personas que pagan por mis opiniones y a veces escribo para publicaciones extranjeras y en algo contribuye lo poco que me paga elPeriódico. “¿Opiniones de qué?”, insistió. Le dije que sobre diferentes temas, a veces hasta de publicidad de productos comerciales. Y pensé: “¡Hay veces que los periodistas somos muy abusivos!” (Continuará)
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