La Selección de Guatemala fue descalificada de la eliminatoria hacia el Mundial de Alemania el miércoles por la noche, a pesar de ganar a Costa Rica por 3-1 en el estadio Mateo Flores. Trinidad y Tobago derrotó a México 2-1 en Puerto España, y capturó la cuarta posición de la hexagonal de Concacaf, la última que daba la posibilidad de ir a un repechaje.
Ese es el frío relato de lo ocurrido. Más difícil es analizar el porqué se dio esta eliminación.
El “hara-kiri”…
Hubo dos momentos clave en la eliminatoria: contra Costa Rica en el estadio Ricardo Saprissa, cuando se había empatado el partido 2-2 después de estar en desventaja 0-2, y se perdió en el último minuto del choque con gol de Paulo César Wanchope.
Y en Trinidad y Tobago, cuando después de llevar el resultado a favor en dos ocasiones, 1-0 y 2-1, se terminó perdiendo 3-2 en los últimos cuatro minutos. Fueron dos momentos fatales…
El que parpadea, pierde
En el fútbol actual, de ritmos de juego intensos y de una avanzada preparación, un parpadeo cuesta caro. Y la Selección de Guatemala, a lo largo de la fase final de la eliminatoria regional, la hexagonal de Concacaf, cometió varios, aparte de los mencionados contra ticos y trinitenses…
Por eso, de nada valió el buen trabajo táctico exhibido en aquel partido contra Costa Rica, cuando el equipo nacional venía de varios contrastes frustrantes (contra Estados Unidos en Birmingham, 0-2, y contra México en el Mateo Flores, por el mismo marcador), y parecía enderezar la ruta con un empate heroico contra los ticos en los últimos 20 minutos, después de estar abajo en el marcador por un claro 2-0.
Pero una pérdida de balón en el último minuto de descuento, rematada por Wanchope con un gol agónico, nos dejó tendidos en la lona…
Y tampoco sirvió otro muy buen trabajo táctico (sí, un correcto planteo y un cuidadoso desarrollo del mismo en el campo) contra Trinidad y Tobago en Puerto España –porque la Selección de Guatemala había borrado del campo a un renovado y ahora brioso equipo de Leo Benhakker, para encontrarse en merecida ventaja 2-1 a sólo cuatro minutos de concluir el juego–; pero un estatismo alarmante de la defensa y medio campo (que no debió darse ni con el hecho de que Gustavo Cabrera estuviera fuera del terreno de juego), desmoronó lo que era una muy merecida victoria chapina.
Fueron, finalmente, errores de Guatemala los que generaron esas derrotas, y los que, a la larga, pesaron en puntos para ser eliminados.
Y lo simpático (por no ponerle otro calificativo) del asunto, es que fuimos nosotros, en esos dos fallidos partidos, los que les dimos vida a ticos y trinitenses para clasificar, unos al Mundial (los de Costa Rica), y para estar con la posibilidad del repechaje los otros (Trinidad y Tobago)…
A otra cosa
El resto es harina de otro costal. Se logró un empate con Panamá en el primer partido de la hexagonal, un resultado que, a la larga, se demostró que era valioso.
Se peleó de igual a igual, a pesar de las diferencias de concepto y formación futbolística, con un todopoderoso Estados Unidos, especialmente en el partido de la primera vuelta en Birmingham.
Y se intentó luchar, con crasos errores individuales, en los dos partidos frente a México.
Pero aquellos dos resultados, contra Costa Rica y Trinidad, y varios errores más en la eliminatoria, marcaron indeleblemente nuestra eliminación…
Y ahora, sólo queda voltear hacia adentro, hacia nuestro fútbol, para reconocer qué es lo que está malo, y cómo lo podemos remendar…
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