Soy frontal y propulsor de un nuevo patriotismo constitucional.
Mario Fuentes Destarac
Solamente por el respeto que me merecen los lectores de elPeriódico y no porque me interese responder a Juan Francisco Reyes López, me refiero muy concretamente a las imputaciones que me hace en su carta publicada en la edición de elPeriódico del pasado jueves.
Respecto de mi participación en el proceso de reforma constitucional en 1993, ya fui lo suficientemente explícito en mi artículo denominado en honor a la verdad, publicado el viernes antepasado, por lo que considero ocioso referirme al mismo asunto solamente porque Reyes López no acepte la verdad de los hechos.
En cuanto a la acusación de que soy un “joven abogado”, debo reconocer que Reyes López dio en el clavo, pero no por el hecho de mi edad, sino porque soy un hombre joven de espíritu, que comparte los más caros ideales de la juventud de este país (sana, entusiasta y fecunda), especialmente el relativo a la plena vigencia de los principios y valores morales en la participación pública, tales como la honorabilidad, la probidad, el respeto y la decencia.
Reyes López también insinúa que no asumo la responsabilidad de mis participaciones. Como prueba fehaciente de que soy frontal y propulsor de un nuevo patriotismo constitucional, traigo a colación un hecho relativamente reciente que le consta a la opinión pública: Durante la vista pública celebrada en la Corte de Constitucionalidad el 10 de julio de 2003 (en tiempos del gobierno de Alfonso Portillo), en que se debatió sobre la procedencia de una petición de amparo presentada por Efraín Ríos Montt contra el Tribunal Supremo Electoral, a raíz de que éste le había denegado su inscripción como candidato presidencial del oficialista FRG, expresé, con amplitud, profundidad y pertinencia, las razones jurídicas por las cuales dicha inscripción era incompatible con la Constitución, que es nuestra ley fundamental que rige la vida nacional.
Por cierto, tengo muy presente que Ríos Montt y sus abogados se abstuvieron de participar en la mencionada audiencia pública y, asimismo, que cuando nos retiramos de la Corte, fuimos insultados y denigrados por un grupo de cobardes oficialistas. Algunos días después, la población vivió la violenta jornada conocida como “jueves negro”.
Quiero cerrar diciendo que la opinión pública está harta de la tradicional descalificación personal y ávida de un debate cívico-político objetivo, serio, constructivo y respetuoso. Debemos concentrarnos en esto último, en función de la impostergable renovación institucional y de inaugurar una nueva forma de hacer política.
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