Marco Augusto Quiroa cerró sus ojos el último domingo de octubre del año pasado. Sólo dos semanas antes, en esta misma página, donde publicó su columna durante ocho años, se despidió de sus lectores, anunciando que había decidido viajar a La Habana, Cuba, para tratar el cáncer linfático que le afectaba desde 2003.
En la Isla, a mitad de su curación, se enteró que los médicos podían hacer poco en su caso. Entonces decidió regresar a Guatemala: murió a sus 67 años, en su casa de Amatitlán, rodeado de sus familiares y amigos más cercanos. El pintor, poeta, narrador, el Maistro, dejó esta penúltima página extrañando sus palabras.
En este espacio, reservado para él desde la fundación de elPeriódico, él dio vida a una columna cargada de esa franqueza irónica, pero al mismo tiempo llena de humor, con la que criticaba abiertamente el establishment político y social.
En 2003 fue electo diputado por el listado de la Alianza Nueva Nación (ANN). “A mí me da vergüenza, a mis 67 años”, dijo en una entrevista concedida 3 meses antes de su muerte, “ser representante de la izquierda en el Congreso. Ahí debería estar un muchacho de 25 años. Yo, mis guerras ya las gané, ya las perdí, yo ya debería estar en una hamaca”.
Quiroa dejó una huella importante en la cultura nacional: como pintor y escritor se caracterizó por plasmar en su obra la realidad social, cargada siempre de un profundo sentimentalismo y una sólida conciencia social.
Hace un año, en este mismo espacio, Quiroa se despidió de sus lectores, pidiendo un par de favores: “Guárdenme un pushito de fiambre, aunque sea de curtido con salchicha o, de perdis, una enchilada copetona. Y mantenga el tacuche del alma y el alma a resguardo de malos pasos o peores pensamientos”.
Esta edición dominical le extraña desde entonces.
“Quítese la pena con agüita, de la buena”
Este lunes, a las 17:30 horas, familiares y amigos recordarán a Marco Augusto Quiroa en el Bar Guadalajara, en la 2a. avenida 6-24, zona 1.
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