Tampoco conviene endiosarla, al punto de pensar que los poetas debían enviarse al exilio porque ellos eran incapaces de dar razón de sus versos. Muchos recordarán que los sofistas eran unos conferenciantes ambulantes cuyas aptitudes dialécticas les permitían convencer a sus oyentes casi de cualquier cosa. Su fuerte era la argumentación, y su actitud crítica respecto de creencias populares se manifestó con toda claridad cuando Sócrates enseñó que una vida que no incluye el cuestionamiento de las creencias populares no merece vivirse. El ser humano es un ser racional, y el ejercicio de esa capacidad, que lo distingue de los demás animales es una especie de imperativo que se llegó a formular como “Conócete a ti mismo”. Si a esto se agrega que no puede haber conocimiento de uno mismo que no sea, a la vez, conocimiento de lo otro, es decir de lo que no es uno mismo, entonces el imperativo socrático adquiere mucha mayor fuerza e importancia. La convicción que animaba la postura socrática es que si el pensamiento no se ajusta a los requerimientos de la lógica es un pensamiento que no puede aspirar a ser verdadero. Puede ser convincente o simpático, pero no puede aspirar a ser verdadero.
La antigua postura sofística descansaba sobre la creencia, muy de moda en los tiempos modernos, entre algunos filósofos y entre los jóvenes que no quieren estar sujetos a norma alguna que no sea de su propia invención. A algunos les llaman filósofos posmodernistas. Algunos de ellos desprecian la lógica y el resultado es que de esa manera no logran expresar pensamientos convincentes más que para ellos mismos. Lo cual quiere decir que carecen de objetividad. Mucho de la filosofía británica del siglo pasado descansa sobre la idea de Bertrand Russell de que la lógica es la esencia de la filosofía. Pero discutir estos tópicos con quienes han oído campanas filosóficas pero no saben dónde es una pérdida de tiempo. Traigo esto a cuento porque un autor nacional, de cuyo nombre no quiero acordarme, opina sobre muchos temas que es evidente que las ha aprendido en libros políticos, es decir que no tuvo maestros que lo orientaran. Por esa razón comete errores que sólo así se pueden explicar. En esas circunstancias ninguna discusión puede ser fructífera, ya que no existen las condiciones mínimas necesarias para que haya diálogo, es decir que los interlocutores usen el mismo lenguaje teórico. En ausencia de un lenguaje común, según lo expresé en otra ocasión, quienes intercambiamos ideas andamos cortando varas, es decir que respondemos a preguntas que no se han hecho o refutamos afirmaciones que tampoco. Sólo un pensador de formación marxista, por ejemplo, puede sostener que la filosofía pretende explicar la sociedad. Los demás saben que los fenómenos sociales (la sociedad) los explican la economía o la sociología. La filosofía no es una ciencia social, sino formal, es decir que estudia las condiciones necesarias para que el pensamiento sea verdadero o falso.
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